2 de febrero de 2026

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El campo pone los dólares y paga el peaje:la discusión pendiente por las retenciones


La Argentina vuelve, una vez más, a mirarse en el mismo espejo. El sector que más divisas aporta a la economía nacional sigue siendo el que soporta la mayor carga de retenciones. La agroindustria explica más de la mitad de los dólares que ingresan al país y, al mismo tiempo, continúa funcionando como el principal financista fiscal del Estado.

Los números son claros. El complejo agroindustrial generó en el 2025 31.000 millones de dólares anuales, con la soja, los cereales y las carnes como pilares centrales. Sin embargo, ese aporte convive con derechos de exportación que, según el producto, oscilan entre el 4,5% y el 24%, en un contexto de alta exposición climática, volatilidad de precios internacionales y costos internos crecientes.

Mientras tanto, otros sectores estratégicos para el futuro reciben un tratamiento muy distinto. La minería exporta entre 6.500 y 7.500 millones de dólares por año y hoy no paga retenciones. En 2025 el rubro Energía ( petróleo , gas, etc ) aportó un saldo comercial positivo de US$ 7.800 millones, con exportaciones superando los 11.000 M e importaciones por algo más de 3.000 M. y cuenta con esquemas de derechos de exportación bajos o móviles, diseñados para no desalentar inversiones.
Los servicios basados en el conocimiento, que ya generan un volumen de divisas similar al de la minería, también operan con retenciones cero.

La mirada del gobierno está puesta en ese horizonte. Energía, minería y economía del conocimiento aparecen como los motores de crecimiento futuro, sectores capaces de atraer capitales, tecnología y escala exportadora. En ese marco, la política oficial busca crear condiciones de previsibilidad y alivio fiscal para acelerar inversiones de largo plazo.

El punto de fricción surge cuando esa estrategia convive con una presión persistente sobre el agro. La agroindustria no solo sostiene el presente macroeconómico, sino que lo hace en un mundo que demanda cada vez más alimentos, con crecimiento poblacional, cambios en las dietas y mayores exigencias de calidad y trazabilidad. La Argentina, históricamente agroindustrial, seguirá teniendo en la producción de alimentos una de sus principales ventajas competitivas.

En el interior productivo el mensaje es matizado, pero firme. La mayoría de los productores reconoce avances y valora señales de orden macroeconómico, previsibilidad y cumplimiento de promesas iniciales. Sin embargo, también advierte que la situación dista de ser ideal. El clima vuelve a jugar su partido, con sequías e irregularidades cada vez más frecuentes. Los costos se mantienen elevados, las importaciones de insumos y maquinarias presionan sobre la ecuación productiva y los márgenes se achican, especialmente para pequeños y medianos productores.

En ese contexto, el reclamo por la baja y, en última instancia, la eliminación de las retenciones sigue vigente. No se trata solo de una discusión impositiva, sino de igualdad de condiciones frente a otros sectores exportadores. El planteo es simple: si el país necesita dólares, resulta difícil sostener que el sector que más los genera continúe pagando un peaje que otros no enfrentan.

La discusión de fondo excede la coyuntura. La Argentina necesita energía, minería y servicios para crecer, pero también necesita alimentos para sostener su lugar en el mundo. El desafío es construir una estrategia de desarrollo que no enfrente sectores, sino que los integre, reconociendo que el agro seguirá siendo, hoy y mañana, una de las principales fuentes de divisas de la economía argentina.