9 de abril de 2026

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UPOV 91 no es la solución: productores aseguran que la producción crece sin retenciones

Desde APRONOR advierten que el problema no es la ley de semillas sino la falta de recursos y el peso de los costos sobre el productor

En medio del debate por una nueva Ley de Semillas en Argentina, desde el norte del país surge una postura clara y contundente. Hugo Meloni, presidente de la Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (APRONOR), cuestionó el enfoque del Gobierno y aseguró que el crecimiento productivo no depende de adherir a UPOV 91, sino de aliviar la carga que hoy enfrentan los productores.

“Vemos que desde el Gobierno hay un diagnóstico equivocado o incompleto”, sostuvo Meloni. Según explicó, se intenta instalar que una nueva ley de semillas impulsará automáticamente la producción, algo que desde el sector consideran desacertado. “El productor va a producir más cuando tenga recursos, y hoy esos recursos no están”, afirmó.

Desde APRONOR sostienen que el principal problema es la presión impositiva, especialmente las retenciones. “Hoy el productor está dejando de fertilizar, resignando tecnología y en muchos casos termina con números negativos o endeudado. Así es imposible pensar en crecer”, remarcó.

El dirigente dejó en claro que el productor no está en contra de la tecnología ni de las mejoras genéticas. “Si una nueva semilla genera mejores rindes o baja los costos, el productor la va a adoptar. No hace falta obligarlo por ley”, explicó. En ese sentido, defendió el uso propio de semillas como una práctica clave para sostener la actividad.

Meloni también manifestó preocupación por la posible influencia de intereses sectoriales en el diseño de la normativa. “Es llamativo que haya funcionarios vinculados al sector semillero. No queremos pensar mal, pero genera dudas sobre a quién podría beneficiar esta ley”, advirtió.

La realidad del norte argentino agrava aún más la situación. La distancia a los puertos y los costos logísticos impactan de lleno en la rentabilidad. “Estamos a más de 900 kilómetros de Rosario. Hoy el flete ronda valores muy elevados. Es una carga difícil de sostener”, explicó. En soja, una parte significativa de la producción se destina a cubrir el transporte, mientras que en maíz la proporción puede ser aún mayor.

A esto se suma el aumento constante del gasoil, que encarece las tareas de cosecha. El incremento del combustible, junto con la suba de insumos clave como la urea y los fertilizantes, termina impactando de lleno en los costos productivos, encareciendo de manera significativa la actividad y dejando al productor cada vez más ajustado.

En cuanto a la tecnología, Meloni puso como ejemplo el caso del maíz, donde la renovación de semillas es habitual, aunque advirtió sobre la pérdida de eficacia de algunas innovaciones. “Hay tecnologías que se siguen vendiendo a precios altos, pero que ya no rinden como deberían porque ciertas plagas han evolucionado”, explicó.

En soja, en cambio, el planteo es diferente. “Pedimos que se respete el uso propio. Si aparece una tecnología mejor, el productor la va a adoptar por conveniencia, no por obligación”, insistió.

El caso de Brasil refuerza el argumento del sector. Según Meloni, el país vecino mantiene un esquema basado en UPOV 78, que permite el uso propio de semillas, y aun así logró un fuerte crecimiento productivo. “Brasil aumentó su producción cerca de un 25% en la última década y se convirtió en líder mundial. Eso demuestra que no hace falta restringir al productor para crecer”, afirmó.

Finalmente, el titular de APRONOR destacó la independencia de la entidad. “No tenemos afiliación política ni dependemos del Estado. Por eso podemos decir lo que pensamos. Vemos esta situación con preocupación y creemos que hay que discutir lo que realmente importa”, concluyó.