
El cabañero y ex presidente de la Asociación Argentina de Angus analizó el crecimiento de la raza, el momento internacional de la carne, los desafíos productivos de la ganadería argentina, la importancia de la genética, la sanidad, la apertura de mercados y la necesidad de previsibilidad para que el país pueda aprovechar una demanda global que sigue firme.
La raza Angus atraviesa un momento de fuerte consolidación en la Argentina y de creciente proyección internacional. No se trata de un fenómeno repentino ni de una moda pasajera. Para Alfonso Bustillo, cabañero, productor ganadero, genetista y ex presidente de la Asociación Argentina de Angus, el presente de la raza es el resultado de un camino sostenido, construido con trabajo, selección, institucionalidad y presencia territorial.
“Creo que este crecimiento no es por el elogio fácil. Ha sido un crecimiento paulatino, progresivo, pero que nunca paró”, sostuvo Bustillo al analizar el presente de Angus, tanto en el país como en el mundo.
Desde su mirada, la raza ofrece al productor ganadero una herramienta productiva difícil de igualar. “El Angus viene creciendo. Es una raza que es insuperable en cuanto a todo el paquete productivo que le ofrece a un ganadero. Y de a poco va creciendo no solamente en Argentina, sino también en el mundo”, afirmó.
Ese crecimiento se da, además, en un contexto internacional favorable para la carne. Según Bustillo, el negocio ganadero atraviesa un momento de precios firmes porque la demanda mundial supera a la oferta. “El negocio de la carne está muy bien. La demanda supera la oferta. Hay una restricción importante de oferta en el mundo y eso hace que los precios estén muy buenos para el sector”, explicó.
Pero esa oportunidad global también plantea una pregunta incómoda para la Argentina: qué necesita hacer el país para estar a la altura de esa demanda internacional de alimentos y, en particular, de carne vacuna.
Para Bustillo, la respuesta es directa: la Argentina tiene que aumentar su productividad.
“No podemos seguir con el mismo stock que hace 30 años, con índices reproductivos tan bajos, de un 66% de destete, y con faenas tan livianas”, advirtió.
El diagnóstico apunta al corazón del sistema ganadero argentino. El país tiene prestigio, historia, genética, campos, productores y reconocimiento internacional. Pero si no mejora sus indicadores productivos, el margen para crecer será limitado.
Bustillo no plantea una oposición entre mercado interno y exportación. Por el contrario, considera que el consumo doméstico debe ser cuidado, pero advierte que la Argentina tiene margen para producir más y abastecer mejor ambos destinos.
“El consumo interno siempre es un mercado que hay que cuidar. Hoy dicen que está bajo porque bajó un 6% interanual, pero estamos en 47 kilos por habitante por año, que es muchísimo. Si juntamos pollo, cerdo y carne vacuna, estamos en 110 kilos de carne”, señaló.
En ese marco, sostuvo que el desafío no es resignar el mercado interno, sino producir más. “Argentina tiene que cuidar ese mercado interno, pero si aumenta la productividad, nuestra carne el mundo la quiere. Y la exportación hace que el negocio sea más previsible para toda la cadena ganadera”, remarcó.
Uno de los pilares para mejorar esa productividad es la genética. Para Bustillo, la selección genética no tiene techo, porque siempre existe una variable nueva para corregir, mejorar o potenciar en la próxima generación.
“La genética nunca termina. En la selección siempre hay una variable a mejorar. Y como siempre hay una variable a mejorar en la próxima generación, siempre tenemos que estar viendo cómo invertimos en genética”, explicó.
El razonamiento es simple, pero contundente. Si dos sistemas productivos manejan de manera similar la nutrición, la sanidad y el resto de las variables de manejo, la diferencia final la marca la genética.
“Si dos sistemas productivos manejan igual la nutrición, la sanidad y todo el complejo de manejo, y uno tiene genética productiva seleccionada y el otro no, el techo es muy bajito para el que no tiene genética. Para el que pone buena genética, el techo no existe”, sostuvo.
Esa frase resume una convicción central: la genética no reemplaza al manejo, pero lo potencia. En un sistema bien trabajado, permite maximizar resultados y mejorar la eficiencia del negocio.
“Siempre haciendo las cosas bien, si la genética está presente, el negocio se maximiza”, afirmó Bustillo.
El crecimiento de la demanda internacional también viene acompañado de nuevas exigencias. Los mercados ya no solo compran carne. También piden información, garantías sanitarias, trazabilidad, cumplimiento ambiental y certificaciones. En ese punto, Bustillo considera que la Argentina debe mirar con atención qué reclaman sus clientes.
“Argentina, para estar a la vanguardia, tiene que estar siempre viendo qué pide el mercado. Finalmente, nuestros clientes siempre tienen la razón”, señaló.
En relación con las exigencias ambientales, como los certificados de no deforestación, sostuvo que el país debe prepararse para cumplirlas si esos mercados resultan importantes e interesantes para la carne argentina.
“Si ellos nos piden que en las áreas no deforestemos o demos certificado de no deforestación, aunque nos parezca una medida paraarancelaria, habrá que tenerlo si ese mercado es importante para Argentina”, planteó.
También puso como ejemplo las restricciones que pueden sufrir otros países por problemas vinculados a residuos o sustancias no deseables. En ese sentido, advirtió que la Argentina debe aprender de esos casos para evitar cierres comerciales que puedan provocar daños severos.
“Brasil ahora es castigado por residuos de sustancias no deseables. Habrá que ver qué le pasó a Brasil y que no nos pase a nosotros, porque si te cierran el mercado, el perjuicio es grande”, indicó.
Por eso, para Bustillo, cada nueva exigencia internacional debe ser analizada con seriedad. No se trata de aceptar cualquier condición sin discusión, sino de comprender que el mercado global se mueve con reglas cada vez más estrictas.
“Siempre que el mundo pida diferentes cuidados de nuestra producción, hay que escucharlo y tenerlo en cuenta. Por eso el SENASA es tan importante”, subrayó.
La sanidad animal es otro de los temas que el ex presidente de Angus considera centrales. En particular, se refirió al debate sobre la vacunación contra la fiebre aftosa, un asunto que suele generar discusiones dentro de la cadena ganadera.
“Con respecto a la vacunación de aftosa, yo creo que Argentina está bien. Brasil decidió dejar de vacunar. Es un riesgo, y sí, es un riesgo, porque en el mundo aparece aftosa”, sostuvo.
Desde su mirada, la Argentina debe seguir cuidando el estatus sanitario y mantener una política responsable. “Yo creo que hay que seguir cuidando mucho la vacunación. Vacunar y cuidar”, afirmó.
Sin embargo, también planteó que hay aspectos operativos del sistema que deberían revisarse. Mencionó, por ejemplo, la discusión sobre quién puede vacunar, el rol de los veterinarios privados y las diferencias de costos entre fundaciones.
“No puede ser que venga un técnico que vacuna y no dejen vacunar a mi veterinario. Es una cosa para rever. Las fundaciones hicieron un gran trabajo, pero por qué una fundación cobra un valor y la de al lado otro. Por qué el ganadero no puede decidir qué alternativa le conviene más”, expresó.
Bustillo reconoció que la historia de la aftosa en la Argentina es compleja y que también hubo responsabilidades dentro del propio sector productivo. “También tenemos nuestra culpa. Los ganaderos muchas veces no vacunábamos, tirábamos las vacunas. Hay toda una historia compleja con la aftosa. Supimos lo que pagamos cuando tuvimos aftosa”, recordó.
Por eso, insistió en que se trata de un tema delicado y que el SENASA debe mantenerse muy cerca de las decisiones sanitarias. “Tomar la decisión de no vacunar no es una decisión fácil”, remarcó.
Otro de los reclamos históricos del ganadero es la previsibilidad. La producción bovina no se resuelve en semanas ni en meses. Es una actividad de largo plazo, donde las decisiones de hoy se recuperan años después. Por eso, los cambios bruscos de reglas tienen un impacto directo sobre la inversión.
“Nosotros necesitamos previsibilidad. Básicamente, saber que la inversión que hacemos hoy, que vamos a recuperarla en tres años, tenga reglas claras. Tenemos que saber hacia dónde estamos caminando y cuáles son las reglas de juego”, sostuvo.
En ese punto, también planteó la importancia de evitar esquemas cerrados que perjudiquen al productor primario. Al referirse nuevamente a la vacuna contra la aftosa, mencionó que durante años hubo poca competencia en la provisión y que la aparición de una nueva alternativa permitió una baja sustancial de costos.
“Durante 20 años tuvimos un solo proveedor de vacuna aftosa que nos cobraba un dólar más por dosis que en la región: más que a los uruguayos, que a los paraguayos, que a los brasileños. El año pasado apareció una alternativa nueva, un laboratorio nuevo que ofreció vacuna, lo dejaron entrar, importar esa vacuna y competir, y la dosis bajó sustancialmente”, explicó.
Para Bustillo, este tipo de situaciones importan porque afectan de manera directa al eslabón más débil de la cadena. “Para los ganaderos son cosas importantes. Que no haya kioscos que afecten al productor primario, que finalmente es el que menos defensas tiene siempre”, afirmó.
La apertura de mercados es otro capítulo clave para el futuro de la carne argentina. Bustillo entiende que el país ya cuenta con destinos relevantes, pero todavía tiene oportunidades importantes por conquistar.
“Tenemos muchos mercados. El mundo quiere la carne argentina. China es un gran mercado. Estados Unidos, que hayamos entrado a Estados Unidos, ya es una carta de presentación ante el mundo. Entramos con nuestra carne Angus Argentina, Angus certificado”, destacó.
También mencionó a Europa, Japón y Corea del Sur como destinos estratégicos. En algunos casos, señaló, las restricciones no se deben necesariamente a cuestiones productivas, sino políticas o de condiciones de acceso que otros países ya lograron resolver.
“Europa es un mercado importante. Japón es un mercado importante. Corea del Sur es un mercado importante. Esos mercados no los tenemos tal vez por temas políticos. Uruguay, con nuestro mismo estatus sanitario, entra a Japón y nosotros no”, indicó.
En ese sentido, puso como ejemplo el avance uruguayo en identificación animal. “Ellos chipearon todo su rodeo y esa fue una medida que tuvo como consecuencia la apertura del mercado japonés. Hay que seguir trabajando para abrir mercados, porque finalmente la exportación va a hacer que el negocio sea sustentable”, sostuvo.
La mirada de Bustillo combina experiencia productiva, conocimiento genético, visión institucional y preocupación por el país. Por eso, cuando la conversación se aleja de los números y se acerca a lo personal, aparece una reflexión más profunda.
Consultado sobre qué sigue soñando después de una larga trayectoria como productor, cabañero, genetista y dirigente, respondió sin hablar solo de Angus ni de ganadería. Habló de la Argentina.
“Sigo soñando con una Argentina que retenga a los jóvenes. Que mis nietos, mis hijos y sus familias se queden en este país y sueñen con que pueden crecer en este país”, expresó.
También habló de la pobreza, de las oportunidades perdidas y de la necesidad de transformar el potencial argentino en bienestar real para su gente.
“Sueño con un país donde no haya tanta pobreza viendo tanta posibilidad de generar riqueza, y que los argentinos vivamos mejor. Voy a hacer todo lo posible, dentro de mis posibilidades, para trabajar para eso. Que Dios me dé fuerza, porque finalmente el que nos guía está arriba”, concluyó.
En la voz de Alfonso Bustillo aparece una síntesis de los grandes debates de la ganadería argentina: genética, productividad, sanidad, exportación, previsibilidad y arraigo. Pero también una advertencia: el prestigio no alcanza si el país no produce más, no ordena sus reglas, no cuida su sanidad y no escucha lo que los mercados están pidiendo.
La carne argentina tiene demanda. Angus tiene reconocimiento. La genética ofrece herramientas. El mundo abre oportunidades. La pregunta, como tantas veces, vuelve a estar del lado argentino: si será capaz de convertir ese potencial en una estrategia sostenida de crecimiento.

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