30 de marzo de 2026

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El “pasajero invisible” de la leche: los impuestos explican hasta el 38% del precio

Un informe del OCLA confirma que la carga tributaria en la cadena láctea no solo encarece el producto en góndola, sino que también le quita competitividad a la Argentina en los mercados internacionales.

Detrás de un sachet de leche hay mucho más que producción, industria y logística. Hay también un “pasajero invisible” que pesa cada vez más: los impuestos.

Un reciente informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina pone números concretos a una realidad que el sector viene señalando desde hace años. La carga tributaria en la cadena láctea alcanza, en promedio, el 38% del precio final en el mercado interno, con variaciones según el producto.

Es decir, más de un tercio de lo que paga el consumidor por un litro de leche o sus derivados no está vinculado directamente con la producción ni con la industria, sino con distintos niveles de recaudación estatal.

El dato no es menor. Dentro de esa carga, el IVA representa cerca del 45%, pero también aparecen con fuerza impuestos considerados distorsivos, como Ingresos Brutos, el Impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios y las tasas municipales, que en conjunto explican aproximadamente un 25% del peso fiscal total.

La estructura no solo es elevada, sino también compleja. Se superponen tributos nacionales, provinciales y municipales que se aplican en distintas etapas de la cadena, muchas veces sin coordinación, generando un efecto acumulativo que termina impactando en el precio final.

Incluso el propio informe advierte que, si no se considerara el traslado del Impuesto a las Ganancias en los precios, la carga tributaria podría reducirse en 6,7 puntos porcentuales. Y que, en determinados casos —como en grandes empresas—, la presión fiscal puede llegar hasta el 42% del valor del producto.

Pero el problema no termina en la góndola.

En materia de exportaciones, el escenario es todavía más desafiante. Desde 2024, los productos lácteos dejaron de recibir reintegros a la exportación, lo que implica que buena parte de los impuestos pagados en la cadena no se recuperan.

Según el OCLA, el reintegro teórico que debería devolver esos tributos internos se ubica entre 5,5% y 7% del valor exportado. Y si se suman las contribuciones patronales, el impacto total podría escalar a un rango de entre 9,8% y 12,1%.

En ese esquema, nuevamente aparece Ingresos Brutos como uno de los tributos de mayor incidencia, explicando cerca del 47% del total calculado para exportaciones, seguido por el impuesto al cheque con un 25,3%.

El resultado es claro: la cadena láctea argentina compite en el mundo con un costo adicional incorporado que otros países logran evitar o devolver a sus exportadores.

Así, el sistema tributario no solo encarece el consumo interno, sino que también limita la capacidad de crecimiento de un sector que tiene condiciones naturales, tecnológicas y productivas para expandirse.

El informe del OCLA deja una conclusión que atraviesa toda la discusión: la carga fiscal dejó de ser un componente marginal y pasó a convertirse en un factor estructural del precio de los alimentos.

Y en ese contexto, la pregunta de fondo vuelve a aparecer sobre la mesa: cómo equilibrar la necesidad de recaudar con la urgencia de no encarecer productos esenciales como la leche, en un país con capacidad para producir alimentos para millones de personas.