22 de marzo de 2026

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El Campo por todos los medios

Cuando la sanidad se pone en riesgo, la historia vuelve a golpear

Por Mario Llambías — dirigente agropecuario, ex presidente de CRA

En el campo argentino hay decisiones que no admiten margen de error. Mucho menos cuando están en juego la sanidad animal, los mercados internacionales y el esfuerzo de miles de productores. Sin embargo, no es la primera vez que aparecen conductas que, por desconocimiento, intereses personales, posicionamientos políticos o simple irresponsabilidad, ponen en jaque lo que llevó décadas construir.

Argentina logró, con años de trabajo, consolidar un estatus sanitario clave: país libre de fiebre aftosa con vacunación. Ese reconocimiento no solo permitió abrir mercados exigentes, sino también competir en igualdad de condiciones con otras naciones. Hoy, gracias a ese camino, la ganadería atraviesa una etapa de recuperación, con mayor incorporación tecnológica, expectativas renovadas y la posibilidad concreta de volver a ser un motor del desarrollo nacional.

Pero la experiencia obliga a mirar hacia atrás.

A comienzos de la década del 70, la ganadería argentina vivía un momento de expansión. Los precios acompañaban, la exportación impulsaba la actividad y el stock crecía sostenidamente, con incrementos cercanos a las 900.000 cabezas anuales. Había optimismo, inversión y proyectos en marcha. Sin embargo, una decisión equivocada desde el gobierno cambió ese rumbo de manera abrupta. En poco tiempo, el rodeo nacional se redujo en casi 8 millones de cabezas. Un golpe cuyas consecuencias aún no han sido completamente revertidas.

La sanidad tampoco estuvo exenta de errores. La interrupción de la vacunación contra la fiebre aftosa, sin las garantías necesarias, derivó en el regreso de la enfermedad, el cierre de mercados y un nuevo impacto negativo para los productores. Fue una lección contundente: en sanidad, improvisar se paga caro.

No recordar las prácticas deficientes previas al Plan Nacional de Aftosa es, en sí mismo, un riesgo. La sanidad animal requiere controles estrictos, logística adecuada y un manejo riguroso de la cadena de frío. Sin estos elementos, cualquier sistema pierde eficacia y credibilidad.

Perder el estatus sanitario no sería un simple retroceso técnico. Sería un golpe económico profundo, con consecuencias directas sobre la producción, el empleo y las exportaciones. Y, como ocurre en cada crisis, el impacto recaería sobre quienes producen.

También es necesario señalar responsabilidades. Por un lado, quienes toman decisiones sin conocer la realidad del campo. Por otro, algunos dirigentes y productores que, por intereses coyunturales o por mezquindad, priorizan un ahorro inmediato sin dimensionar el daño futuro. Reducir costos a expensas de la sanidad es hipotecar el futuro de toda la cadena ganadera.

No se trata de rechazar cambios. La participación de veterinarios en la vacunación no es, en sí misma, un problema. Pero cualquier modificación debe garantizar controles efectivos y el cuidado adecuado de las vacunas. Hoy, esas condiciones no están plenamente aseguradas, y la experiencia indica que avanzar sin ellas puede derivar en un nuevo fracaso.

El camino es claro: defender el Plan Nacional de Aftosa, corregir sus desvíos y fortalecerlo. Argentina tiene la oportunidad de consolidar una ganadería moderna, competitiva y sustentable. Pero ese objetivo solo será posible si se sostiene una base sanitaria sólida, sin concesiones.

La historia ya dio sus señales. Ignorarlas no sería un error. Sería una irresponsabilidad.