
Trayectoria, reflexiones y mirada crítica de un profesional que recorre la historia de la veterinaria argentina, los desafíos productivos y el rol del país en el mercado global
Oscar Grassi es de esos hombres que cargan en su oficio la historia de un país agrícola-ganadero. Médico Veterinario recibido en la Universidad Nacional de La Plata en 1976, su camino lo llevó desde la formación de técnicos en la Escuela Inchausti hasta la agricultura, para luego volver al corazón de la ganadería en la Sociedad Rural de Palermo y, más tarde, en su pueblo al oeste bonaerense, Dudignac.
Hoy está al frente de una veterinaria donde convive el trabajo de campo con un equipo integrado por colegas y por su propio hijo, técnico agropecuario. “Me ocupo de lo que más me interesa, que es la reproducción, aunque acá el médico veterinario tiene que saber de todo: desde animales pequeños ( mascotas), aves , hasta bovinos, pasando por ovinos, porcinos y equinos”, cuenta.
La sanidad como base de la reproducción
La experiencia lo llevó a una conclusión que repite con énfasis: la falta de planes sanitarios integrales es uno de los principales motivos por los que la Argentina no logra mejorar los índices de preñez. “Muchos productores no hacen el plan sanitario completo, lo hacen a medias. La condición corporal también influye y a veces no se incorporan técnicas nuevas como la IATF, que son claves”, explica.
Según Grassi, la brecha es enorme: hay establecimientos con índices superiores al 90% y otros que apenas alcanzan el 70%. “Es una educación diaria que debemos transmitir al productor”, señala, al tiempo que advierte que el buen presente exportador convive con un stock ganadero en caída.
La vacunación contra la aftosa y el debate pendiente
Sobre la fiebre aftosa, reconoce las controversias históricas en torno a la vacunación. “La vacuna es efectiva, controla la enfermedad, pero el mundo nos pide carne de países libres de vacunación. Ya nos pasó cuando levantamos la inmunización y tuvimos un rebrote en Mesopotamia. Hay que hacerlo paso a paso, de manera correcta, con controles y con un Senasa fortalecido”, enfatiza.
Grassi sostiene que Argentina debe animarse a dar ese salto, tal como lo hicieron países vecinos como Paraguay. “Si ellos pudieron, nosotros también. Pero no podemos seguir atados indefinidamente a una vacuna carísima en el plan sanitario”, afirma.
La Blonde d’Aquitaine y la pasión por la genética
Grassi integra la comisión de la raza Blonde d’Aquitaine en Argentina, continuando el trabajo de la gran precursora de la raza que fue “Toiny” Hoffmann. Resalta sus virtudes en climas subtropicales, la rusticidad, el pelo corto que soporta altas temperaturas y su aporte de masa muscular en cruzamientos con razas como Angus, Braford o Brahman. “Son animales con partos fáciles, terneros longilíneos y rindes que superan el 62%”, asegura.
Obras hídricas y caminos: una deuda histórica
La charla deriva inevitablemente en el estado de los campos anegados del oeste bonaerense. Grassi es contundente: “No se han hecho obras, ni ahora ni antes. Tenemos canales clandestinos, caminos intransitables y una falta total de planificación. Esto no se resuelve sin un plan integral desde la provincia hasta los municipios”.

La Argentina agrícola-ganadera que no se reconoce
Para Grassi, uno de los mayores problemas es cultural: “La industria, la agricultura y la ganadería funcionan como compartimentos estancos. El citadino desconoce la importancia del campo, algo que no sucede en otros países”.
Lamenta además la falta de políticas de Estado: “En Argentina, el que llega borra todo lo anterior. En otros países los proyectos productivos son transversales a los gobiernos. Así, nosotros nunca tenemos planificación integral”.
Un país con potencial, pero sin proyecto común
El médico veterinario advierte que el mundo espera de Argentina proteínas animales y no solo granos. “Brasil lo entendió y así le va. Nosotros deberíamos copiar lo que hacen nuestros vecinos, pero parece que nos cuesta”, sostiene.
Sueña, dice, con una Argentina que sus nietos puedan disfrutar: un país integral, productor, exportador, que además de alimentos aporte ciencia y profesionales. “Si no lo vemos nosotros, que lo vean ellos. Eso ya nos hará felices”, confiesa.
La veterinaria como futuro
Para Oscar, la medicina veterinaria atraviesa hoy un momento distinto al de sus inicios. “Le han surgido una serie de ventajas que nosotros no teníamos cuando empezamos nuestra profesión. Siempre nos decían: esta es la profesión del futuro. Bueno, hoy es el futuro”, asegura.

Ese futuro se refleja en la implicancia directa del veterinario en la sanidad de los campos: desde el control de enfermedades como brucelosis y tuberculosis, pasando por los lavados y raspajes de toros para detectar enfermedades venéreas, hasta el impulso de técnicas reproductivas modernas como la IATF.
Pero Grassi no se queda solo en la mirada técnica. Cuando habla de su local, lo hace desde la emoción: “Más allá de ver un local, lo que veo ahí es mi historia. Soy capaz de quedarme hasta última hora acomodando cosas que no estaban como pensaba. Ahí está mi vida profesional”, confiesa.

Y en esa confesión aparece el costado humano que lo define: “ Allí está mi trayectoria y la alegría que tengo de todos los días ir a mi veterinaria, salir al campo, proyectar, trabajar en grupo y transmitir experiencias con las ganas de seguir en la actividad, todavía en buen estado como para seguir firme en las mangas”, concluye.
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