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Fertilización de pasturas y verdeos

En la Región Pampeana es factible producir pasto de calidad buena parte del año, esto abarata los costos de producción y reduce el impacto ambiental de la ganadería. Pasturas perennes podrían ofrecer desde 7000 – 10000 kg MS/ha/año a 12000 – 15000 kg MS/ha/año, o superiores con especies como alfalfa en ambientes sin limitaciones productivas.

Sin embargo, la producción forrajera promedio de gramíneas (festuca, agropiro, cebadilla, raigrás, pasto ovillo, etc.) y leguminosas (alfalfa, tréboles, lotus, etc.) es considerablemente inferior (desde menos de 4000 a 8000 kg MS/ha/año). Uno de los motivos de esta diferencia es que la disponibilidad natural de nutrientes suele ser insuficiente para abastecer la demanda de las plantas.

Se conoce que las deficiencias nutricionales restringen el crecimiento de las plantas y la producción de forraje. Además, reducen la capacidad de competir con malezas, la eficiencia de uso del agua disponible, en leguminosas la fijación simbiótica del nitrógeno atmosférico, el contenido proteico del forraje, la persistencia y estabilidad productiva de las pasturas y el aporte de materia orgánica (secuestro de carbono) al suelo.

Análisis recientes muestran que el buen manejo de la fertilización y de la utilización del pasto producido permiten duplicar y hasta cuadruplicar (según la pastura considerada) los beneficios económicos obtenidos en sistemas ganaderos de la región.

Diseñar estrategias de fertilización que contribuyan a corregir las deficiencias nutricionales, integradas con buenas prácticas de manejo del pasto, permitirían aumentar la productividad, rentabilidad y sustentabilidad de la ganadería pampeana.


Aspectos a tener en cuenta para establecer una estrategia de fertilización

  1. Definir la demanda de nutrientes de las plantas
    La producción de pasto varía según condiciones de suelo, clima y especie forrajera
    considerada. Por esto, la necesidad de nutrientes debe establecerse según la productividad
    esperada.
    Las leguminosas son dependientes del suministro de P y otros nutrientes. Pero, la fijación
    biológica de nitrógeno les permite (si no tienen otras limitaciones agronómicas)
    autoabastecerse de N.
    Las gramíneas requieren no sólo P sino también el suministro de N. En pasturas mezcla, las
    leguminosas pueden transferir parte del N fijado simbióticamente a las gramíneas, pero en la
    mayoría de los casos resulta insuficiente para cubrir la demanda de estas últimas.
    En ciertos ambientes algunas pasturas pueden presentar deficiencias de S, boro (B), zinc (Zn),
    magnesio (Mg) o calcio (Ca) y deprimir su rendimiento.
  2. Conocer el aporte de nutrientes en cada ambiente
    En la región Pampeana el P y N suelen ser limitantes para las plantas forrajeras. El suelo aporta
    nutrientes pero su disponibilidad es variable. Es importante distinguir ambientes según su
    potencial productivo y conocer la oferta de nutrientes, cuál es la historia del lote y las
    fertilizaciones previas.
    Análisis de suelo y/o de plantas aportan valiosa información para tomar decisiones acertadas.
    Asimismo, se debe considerar la disponibilidad de agua en el perfil y la presencia de napas
    (que contribuye al abastecimiento de nutrientes como S).
  3. Plan de fertilización
    Es importante realizar un diagnóstico, cuantificar requerimientos (según especie, ambiente,
    época de crecimiento, clima) y aportes de nutrientes, para aplicar fertilizantes cuando la oferta
    de nutrientes es menor a la demanda esperada de las plantas forrajeras. Se presentan algunos
    ejemplos.
  • Fertilización fosfatada
    Sería conveniente aplicar P en aquellos lotes con niveles en suelo inferiores a 12 o 15 ppm P
    Bray para pasturas base gramíneas o base alfalfa, respectivamente. Por su escasa movilidad en
    el suelo, es mayor la eficiencia de uso con aplicaciones incorporadas en la siembra, pero en
    pasturas implantadas refertilizaciones pueden efectuarse al voleo.
  • Fertilización nitrogenada
    Su deficiencia en suelos es generalizada en épocas frías (< 12°C), sobre todo en aquellos con
    bajo nivel de materia orgánica. Por su elevada movilidad es conveniente considerar la
    demanda estacional de las especies forrajeras y las condiciones ambientales.
    La fertilización con N a la salida del invierno permite “anticipar” la oferta de forraje 20 – 30 días
    con respecto a pasturas con deficiencias. Esto puede ser fundamental para “adelantar la
    producción primaveral de pasto”.
  • Otros nutrientes deficitarios
    En suelos de textura gruesa – como en la Pampa Arenosa -, bajo o moderado contenido de
    materia orgánica (< 3% M.O.) o historia agrícola prolongada, S puede limitar la producción de
    forraje en pasturas de alta producción (12 – 14 t MS/ha/año).
    En algunos casos particulares pueden registrarse deficiencias de potasio (K), magnesio (Mg),
    calcio (Ca) o micronutrientes (como zinc o boro).

Por último, la fertilización es una tecnología clave para la producción de pasto. El desafío es
adecuar el manejo para aprovechar sus beneficios en los sistemas ganaderos regionales.