13 de mayo de 2026

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Seleccionar vacas de tambo: la clave no es producir más, sino producir mejor y por más tiempo

Francisco López Harburu, gerente comercial de Select Debernardi, explicó qué aspectos deben observarse al elegir vacas para sistemas lecheros más eficientes, rentables y duraderos.

En los tambos actuales, producir más litros ya no alcanza. La eficiencia de un sistema lechero no se mide únicamente por la cantidad de leche que una vaca puede entregar, sino también por su capacidad para permanecer más tiempo en producción, enfermarse menos, desplazarse correctamente, convertir mejor el alimento y generar menos costos ocultos para el productor.

Francisco López Harburu, gerente comercial de Select Debernardi, puso el foco en un tema central para la rentabilidad de la lechería: qué se debe considerar al momento de seleccionar vacas de tambo.

La mirada, según explicó, debe ser integral. No se trata solamente de elegir la vaca más lechera, sino de identificar animales funcionales, longevos y capaces de sostener buenos niveles productivos dentro del sistema.

“En los tambos actuales, producir más litros no alcanza si las vacas no duran en el sistema”, señaló López Harburu.

Ese concepto resume uno de los grandes desafíos de la producción lechera moderna. Una vaca que produce mucho, pero tiene problemas de ubre, patas, locomoción o salud, puede terminar siendo más cara que rentable. Cada reemplazo implica inversión, más trabajo, mayor presión sobre la recría y una pérdida directa de eficiencia.

La ubre, un punto decisivo

Uno de los primeros aspectos que debe observarse al seleccionar vacas de tambo es el sistema mamario. La ubre no solo tiene relación con la producción de leche, sino también con la sanidad, la facilidad de ordeñe y la vida útil del animal.

“El piso de la ubre debe quedar a unos 6 o 7 centímetros sobre el garrón. Si queda muy bajo, se ensucia y se contamina”, explicó López Harburu.

Ese detalle técnico tiene una consecuencia económica concreta. Una ubre demasiado baja aumenta el riesgo de contaminación, complica la higiene, puede favorecer problemas sanitarios y reduce la eficiencia del ordeñe.

También es fundamental observar el ligamento medio, que cumple una función estructural clave.

“El ligamento medio debe ser fuerte porque sostiene gran parte del peso de la glándula”, indicó.

Una buena inserción anterior y posterior, alta y ancha, también aporta capacidad de almacenamiento y facilita el trabajo durante el ordeñe. No se trata de una cuestión estética, sino funcional. Una vaca bien conformada permite ordeños más eficientes, menor riesgo sanitario y mayor permanencia dentro del rodeo.

Los pezones también tienen un rol importante. Deben estar bien ubicados debajo de cada cuarto y contar con una medida adecuada.

“Los pezones deben estar bien aplomados bajo cada cuarto y medir unos 4 o 5 centímetros para un buen drenaje”, precisó.

Patas, pezuñas y locomoción

La selección de vacas no puede limitarse al sistema mamario. Las patas y pezuñas son determinantes para la vida productiva de un animal en el tambo.

Una vaca que camina mal come menos, se desplaza con dificultad, llega peor al ordeñe y tiene más riesgo de descarte anticipado. Por eso, López Harburu remarcó que un ángulo correcto y un hueso de calidad permiten una buena locomoción y mayor permanencia en producción.

“Las patas y pezuñas son clave. Un ángulo correcto y hueso de calidad permiten buena locomoción y vida productiva”, sostuvo.

En un sistema lechero, la movilidad es rentabilidad. Una vaca funcional puede expresar mejor su potencial productivo, acceder al alimento, soportar la rutina diaria y mantenerse activa durante más lactancias.

Fortaleza general y eficiencia

Otro punto central es la fortaleza general del animal. Allí entran aspectos como la profundidad corporal, el ancho de pecho y la apertura de costillas.

Según López Harburu, estos rasgos están vinculados con la capacidad de conversión, la salud general y la longevidad. Una vaca con buena estructura corporal puede sostener mejor la producción, aprovechar mejor la dieta y permanecer más tiempo dentro del sistema.

“La fortaleza general, que es la profundidad corporal, el pecho ancho y las costillas bien abiertas, es sinónimo de capacidad de conversión y longevidad”, afirmó.

El concepto es claro: una vaca rentable no es solamente la que más litros entrega en una lactancia, sino la que logra mantenerse funcional durante más tiempo, con menos problemas y mejor aprovechamiento del alimento.

La genética como herramienta de rentabilidad

En la selección actual, la genética ocupa un lugar cada vez más importante. Para López Harburu, no se trata de elegir únicamente por producción, sino por un conjunto de rasgos que impactan directamente en la eficiencia del tambo.

“Aquí entra la genética. No se trata solo de elegir la vaca más lechera, sino una vaca rentable que doble más lactancias en el tambo”, explicó.

El avance de herramientas como la genómica permite tomar mejores decisiones al seleccionar madres y toros. Hoy es posible trabajar con información vinculada a salud, conformación, resistencia a mastitis y eficiencia alimenticia.

“Con herramientas como la genómica, podemos seleccionar madres y toros que transmitan buenos rasgos de salud, resistencia a la mastitis, buenos datos de conformación y hasta eficiencia alimenticia”, detalló.

Esta mirada permite construir rodeos más sólidos, con animales capaces de producir más y mejor, pero también de permanecer más tiempo en el sistema.

Menos reemplazos y más margen

Seleccionar bien tiene impacto directo en los números del tambo. Una mala elección puede generar más reemplazos, más trabajo, mayor descarte, menor vida útil y menos leche por hectárea.

Por el contrario, una selección orientada a funcionalidad, salud, conformación y eficiencia permite reducir costos y mejorar el margen.

“¿Cuál es el resultado? Menos reemplazos, menor mortalidad neonatal, mejores litros por día y por lactancia y terneros con mayor valor”, resumió López Harburu.

En definitiva, la selección de vacas de tambo debe mirar mucho más que los litros. La ubre, las patas, las pezuñas, la estructura corporal, la genética y la eficiencia alimenticia forman parte de una misma ecuación productiva.

El objetivo no es tener vacas que produzcan mucho durante poco tiempo, sino animales capaces de sostener la producción, adaptarse al sistema y generar más rentabilidad a lo largo de su vida útil.

“Eso se traduce en menor costo por litro y más margen para el tambo”, concluyó.