17 de mayo de 2026

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Freno comercial a Brasil por RAM: la MACS advierte que la sustentabilidad ganadera ya es una exigencia global

La Mesa Argentina de Carne Sustentable sostuvo que la exclusión de proteínas animales brasileñas del mercado europeo por Resistencia a los Antimicrobianos no debe leerse solo como una cuestión comercial, sino como una señal sanitaria, productiva y ambiental bajo el enfoque de “Una Sola Salud”.

La decisión de la Unión Europea de cerrar el ingreso de proteínas animales de Brasil por exigencias vinculadas a la Resistencia a los Antimicrobianos volvió a poner sobre la mesa un tema que ya dejó de ser técnico para convertirse en una condición estratégica del comercio internacional de alimentos.

Frente a ese escenario, la Mesa Argentina de Carne Sustentable (MACS) remarcó que el episodio no debe interpretarse únicamente como un freno comercial, sino como una advertencia más amplia sobre el rumbo que deberán tomar los sistemas productivos si quieren sostener competitividad, acceso a mercados y legitimidad frente a consumidores cada vez más exigentes.

En un comunicado difundido en Buenos Aires, con fecha 15 de mayo de 2026, la entidad sostuvo que el cierre europeo a la carne brasileña demuestra que las demandas internacionales son cada vez más estrictas y que la Resistencia a los Antimicrobianos, conocida como RAM, no constituye una coyuntura aislada, sino un desafío de salud pública advertido por especialistas desde hace décadas.

La MACS ubicó el debate dentro del paradigma de “Una Sola Salud” —One Health—, una mirada que integra salud humana, sanidad animal y ambiente como dimensiones inseparables. Desde esa perspectiva, la producción vacuna no puede quedar al margen de su impacto sanitario, ya que el uso inadecuado de antimicrobianos puede generar fenómenos de resistencia que representan una amenaza creciente tanto para las personas como para los animales.

El punto de fondo es claro: la sustentabilidad de la carne ya no se mide solamente en términos ambientales o productivos. También incluye la forma en que se preserva la eficacia de los tratamientos veterinarios y médicos, el cumplimiento normativo y la capacidad de una cadena para demostrar que sus procesos se apoyan en buenas prácticas.

En ese marco, la MACS planteó tres ejes centrales para reducir riesgos y fortalecer la sustentabilidad real de los sistemas ganaderos. El primero es el uso responsable y profesional de antimicrobianos, que deben ser considerados recursos terapéuticos de excepción y utilizados bajo prescripción veterinaria para garantizar el bienestar animal y tratar afecciones diagnosticadas.

El segundo punto es el rechazo al uso de antibióticos como promotores de crecimiento o como herramienta de profilaxis sistemática. La entidad remarcó que esa posición se encuentra en línea con las normativas que regulan la actividad en la Argentina.

El tercer eje está puesto en la prevención a través del manejo. Para la MACS, mitigar los riesgos sanitarios implica optimizar los sistemas ganaderos mediante bienestar animal, bioseguridad, nutrición de precisión e inmunización avanzada.

La frase más fuerte del posicionamiento resume la dimensión del debate: “No existe un sistema sustentable si éste compromete la eficacia de la medicina del futuro. La articulación entre la producción, la normativa nacional y la investigación científica es el único camino para consolidar una cadena de valor con sustentabilidad real”.

La advertencia no llega en el vacío. En un comercio global donde los compradores ya no miran únicamente precio, volumen o calidad del producto, las condiciones sanitarias y ambientales comienzan a funcionar como verdaderas llaves de acceso. Para la carne argentina, ese contexto representa al mismo tiempo una exigencia y una oportunidad: demostrar, con evidencia y trazabilidad, que la producción puede responder a estándares internacionales cada vez más complejos.

La MACS, como foro multisectorial de la sociedad civil y de la cadena productiva, promueve el desarrollo sustentable de la carne vacuna en la Argentina. Su mensaje ante el caso brasileño apunta a elevar el debate: la competitividad futura de la ganadería dependerá cada vez más de la capacidad de integrar producción, sanidad, ciencia, normativa y responsabilidad ambiental en una misma estrategia.