9 de mayo de 2026

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Los Pinos Ham: la empresa familiar que quiere dejar una marca propia en el mundo de la carne premium

Alan Rueco, integrante de la firma, repasó el camino que llevó a una familia vinculada a la hacienda a construir una propuesta basada en calidad, envasado al vacío, logística propia, vínculo con Angus y una mirada joven sobre los nuevos hábitos de consumo.

Los Pinos Ham no se presenta solamente como una empresa de carne. Detrás de la marca hay una historia familiar, un oficio aprendido sobre la marcha y una búsqueda permanente por transformar una actividad tradicional en una propuesta moderna, con identidad propia y llegada directa al consumidor.

Alan, integrante de la firma, lo resume desde el comienzo con una definición simple, pero cargada de sentido.

Alan Rueco

“Los Pinos Ham es una empresa que se apasiona por la carne. Es una empresa familiar, una empresa que le pone mucho amor a lo que hace”, señaló.

La historia comenzó hace alrededor de 15 años, con su padre como protagonista. No fue un desembarco planificado desde una gran estructura, sino un ingreso paulatino a un rubro exigente, donde cada paso fue dejando aprendizaje.

“El pionero fue mi papá, que también se reinventó en el rubro. Llegó ya de grande al mercado de la carne por un familiar que le dio la oportunidad de vender hacienda. Fue arrancando de a poco, tuvimos carnicería, reparto de menudencias, hasta que hicimos abastecedores de carne y fuimos creciendo paulatinamente”, recordó.

Ese recorrido explica buena parte del presente de la empresa. Antes de consolidar su perfil actual, Los Pinos Ham transitó distintas etapas dentro de la cadena cárnica, desde la venta tradicional hasta el abastecimiento.

“Hoy tenemos la empresa Los Pinos Ham, que es casi toda carne al vacío. Pero nosotros arrancamos más que nada con las medias reses, las que aún continuames vendiendo también”, explicó Rueco.

El nombre de la firma también tiene una carga simbólica. No surgió de una estrategia fría de marketing, sino de una decisión familiar que buscó expresar una idea de crecimiento, fortaleza y unión.

“Los Pinos lo eligieron mi papá y mi mamá, porque son una representación de crecimiento. Arrancamos pequeños y fuimos creciendo humildemente, trabajando. Y Ham es una sigla también de crecimiento, de fortalecer, de unión. Por eso Los Pinos Ham”, detalló.

La empresa conserva una estructura netamente familiar. Allí conviven la experiencia del fundador, la mirada de Alan y la participación de sus hermanas, una de ellas contadora y la otra estudiante de abogacía, también integrada al proyecto.

“Mi papá es la cabeza y está por todos lados. Yo me dedico más a lo que es compra y venta, compra de hacienda, manejo del frigorífico, control de hacienda y distribución”, indicó.

En ese esquema, la compra de hacienda ocupa un lugar decisivo. Para una empresa que busca posicionarse en carne premium, la selección del animal no puede resolverse solo por peso o precio. Hay una lectura más fina, donde el origen, la raza, el estado corporal y la terminación definen el resultado final.

“Se busca más que nada la clase del animal, la raza, el remitente, de dónde viene. Nosotros tenemos un perfil de compra y lo que se busca es que el animal sea completo: un animal de raza, que no esté excedido de gordura, que esté terminado, que sea robusto”, explicó.

La preferencia por Angus aparece como parte de esa búsqueda, aunque Rueco aclara que no se trata de una mirada cerrada. El objetivo es encontrar animales que respondan al estándar de calidad que exige el producto.

“Tenemos una preferencia Angus, por lo general, pero si es una raza Hereford también puede participar”, agregó.

La escala actual es el resultado de ese proceso de crecimiento. La empresa fue sumando volumen, categorías y distintos destinos comerciales, desde el consumidor final hasta la gastronomía.

“Estamos en unas 800 cabezas por semana. Hacemos diferentes categorías. Vendemos ternero, novillo y también un novillo más pesadito, que es más que nada para restaurantes que buscan un animal más pesado, porque el producto es mejor para el plato de gastronomía”, precisó.

El salto al envasado al vacío marcó una nueva etapa. No fue una decisión aislada ni un movimiento improvisado. La empresa venía observando otros mercados y evaluando alternativas, hasta que la pandemia aceleró los tiempos.

“La venta al vacío surgió más o menos en la época de la pandemia. Nosotros ya habíamos mirado un poco lo que era Europa y nos fuimos preparando de a poco. De repente se nos vino encima y ahí tuvimos que acelerar muchas cosas”, contó.

Ese formato abrió otra conversación con el consumidor. Cambió la forma de comprar, conservar y recibir la carne, pero también obligó a explicar mejor el producto. Para Rueco, el envasado al vacío forma parte de un cambio que todavía está en desarrollo.

“Es un tema de higiene que está muy bueno, tiene más vida útil y también es el futuro. Dentro de muy poco tiempo, las medias reses se van a ir disminuyendo y va a ser más venta por caja y más envasado al vacío”, sostuvo.

Sin embargo, el camino no está libre de prejuicios. Parte del público todavía mira con desconfianza el color de la carne envasada o asocia ese formato con experiencias anteriores de baja calidad. Allí, la empresa busca marcar una diferencia desde la selección del producto y la presentación.

“En los comienzos del envase al vacío lo utilizaban las cadenas grandes y era como que al principio se mandaba más descarte. Hoy, por lo menos nosotros, buscamos un producto premium, un producto de calidad , distinguido”, remarcó.

La tarea, entonces, no se limita a vender. También implica educar, explicar y acompañar un cambio de hábito que todavía no terminó de consolidarse en todos los consumidores.

“Hay un poco de desinformación. La gente no lo sabe y hoy nosotros tenemos que enseñarle esta nueva forma de consumo”, afirmó.

Ese modelo comercial exige una estructura ordenada. La venta directa, la preparación de pedidos, el reparto y el mantenimiento de la cadena de frío obligan a trabajar con precisión. En Los Pinos Ham, la logística se transformó en una parte central del servicio.

“Hay que estar preparados y tener buena organización. Desde que la gente hace su pedido, lo atiende una persona, se prepara y se envía para que llegue a tu casa. Tenemos camionetas refrigeradas y el producto llega a tu casa”, explicó.

La empresa trabaja con grandes cadenas, supermercados, hoteles, restaurantes y también con consumidores particulares. Para la entrega domiciliaria, la compra mínima es de 50.000 pesos y no se cobra flete. En un mercado donde el tiempo también pesa, la comodidad pasó a ser parte del valor agregado.

La alianza con Angus fue otro punto importante en la construcción de marca. Para Los Pinos Ham, significó respaldo, visibilidad y una posibilidad concreta de acercar al consumidor a una carne identificada con calidad.

Alan Rueco, Francisco Cabrales, Johanna Rueco y Felipe Cuneo Libarona

“Fue algo bueno porque en lo que es envasado al vacío somos una empresa joven y nos lanzamos también con Angus, que nos dio visibilidad. Además, a la gente le interesaba mucho porque muchas personas no saben que Angus es una raza ni todos los beneficios de la carne”, señaló.

La participación en La Rural también fortaleció ese posicionamiento. Allí, la firma pudo mostrar su trabajo frente a un público amplio y ante instituciones vinculadas directamente con la raza.

“La gente de Angus se acercó a nuestro stand, vio el trabajo que hicimos, la prolijidad de los productos, la higiene, la presentación y todas las facilidades que tiene comprarnos a Los Pinos Ham. Eso nos ayudó mucho”, afirmó.

En paralelo, la comunicación digital se convirtió en una herramienta clave. Las redes sociales permitieron mostrar productos, explicar procesos, acercarse a nuevos públicos y darle una impronta más fresca a una actividad históricamente tradicional.

“Las redes fueron muy importantes. Somos una empresa que mezcla la experiencia y la juventud. Junto a mis hermanas pudimos darle frescura, comunicación, llegar a la gente joven y a todo tipo de gente”, expresó.

Para Alan, comunicar bien no significa solamente publicar contenido. También es una forma de hacer más simple la relación con el cliente y de acercar información útil sobre una manera distinta de consumir carne.

“Es muy valioso que la gente pueda aprender un poco más, conocer más el producto y saber que es muy fácil comunicarse con nosotros para que llegue a su casa lo más rápido posible”, dijo.

La empresa mira hacia adelante con una agenda clara: crecer, mejorar procesos y avanzar en los primeros pasos vinculados a la exportación. No aparece como un salto repentino, sino como parte de un camino que intenta sostener la misma lógica que marcó el origen de la firma.

“Los desafíos que tenemos por delante son seguir creciendo como empresa, seguir mejorando, porque siempre hay cosas para mejorar, y ver si también podemos afianzarnos en la exportación”, planteó.

En ese futuro también aparece un tema sensible para cualquier empresa familiar: la continuidad generacional. Reconoce que no siempre es sencillo combinar la experiencia de quien inició el camino con las ideas de quienes empujan una nueva etapa. Pero en su caso, asegura que el diálogo ocupa un lugar central.

“Siempre con comunicación y respeto, porque todos somos diferentes, pero todos queremos apuntar al mismo objetivo”, afirmó.

Ese equilibrio, según Alan, se sostiene en una dinámica interna donde la palabra circula y las decisiones se conversan. La experiencia del fundador sigue siendo determinante, pero no funciona como un límite para las nuevas ideas.

“Tenemos la suerte de que mi papá es una persona muy flexible, que escucha. Nosotros obviamente lo respetamos porque tiene muchos años de experiencia, pero también tenemos buenas ideas, fuerza y trabajo para llevarlas adelante”, señaló.

Y agregó: “Acá nadie es más que nadie. Todos nos escuchamos y vemos qué es lo mejor para la empresa”.

Cuando se le pregunta por sus sueños, no responde solamente en términos comerciales. Habla de reconocimiento, de legado y de una forma de trabajar que quiere trascender el negocio cotidiano.

“Sueño con que Los Pinos Ham sea reconocida, que quede un nombre en el legado de la carne, como una buena empresa que transmite más que trabajo: amor por lo que hacemos”, expresó.

El camino recorrido dejó crecimiento, pero también aprendizaje. Desde aquellos primeros pasos vinculados a la hacienda, la carnicería y la menudencia hasta el presente de carne premium, logística propia y proyección exportadora, Alan mira la historia con gratitud y conciencia del esfuerzo realizado.

“Fue un camino largo, con tropiezos. Uno siempre se puede equivocar, va aprendiendo, la vida te va golpeando y vas aprendiendo las cosas para mejor. Siempre tuvimos el apoyo de mi padre, que fue un guía”, concluyó.