
La Cooperativa Guillermo Lehmann celebra un nuevo aniversario en Santa Fe con una semana de reconocimientos, encuentros institucionales y una mirada puesta en el futuro. Su presidente, Emmanuel Pietrobón, destacó el valor del cooperativismo, el rol de los socios y los nuevos proyectos para agregar valor en origen.
Atraviesa una semana cargada de historia, emoción y futuro. La entidad santafesina cumple 75 años y lo celebra con una agenda especial de actividades, reconocimientos y encuentros institucionales que buscan poner en valor a quienes fueron construyendo, generación tras generación, una de las organizaciones cooperativas más representativas del sector agropecuario.
Sobre la importante fecha Pietrobón remarcó que se trata de días “de muchos desafíos”, pero también de profunda gratitud hacia todos aquellos que hicieron posible este recorrido: ex presidentes, consejeros, empleados, productores asociados y familias de socios fundadores.
La celebración contará además con la presencia del presidente de Coninagro, Lucas Magnano, junto a consejeros de la entidad, en un gesto que reafirma el lugar que la Lehmann ocupa dentro del movimiento cooperativo argentino.
La Cooperativa Guillermo Lehmann es, ante todo, una organización nacida desde los productores y para los productores. Desde hace más de siete décadas trabaja con una misión, una visión y valores que orientan su desarrollo institucional, económico y social. Su estructura actual refleja ese crecimiento: más de 2.500 productores agropecuarios asociados, presencia en 374 localidades de 14 provincias, 240 colaboradores directos permanentes, 810 empleos indirectos y más de 70 integrantes en su Grupo Juvenil.
Pero detrás de esos números hay una historia mucho más simple y más potente: la decisión de un grupo de productores de unirse para resolver una necesidad concreta.
Pietrobón recordó que la cooperativa comenzó como un bañadero de hacienda, impulsado por 21 productores que entendieron que solos no podían resolver determinados problemas, pero juntos sí podían construir una herramienta común.
“La cooperativa agrícola ganadera, cuando empezó, en sus comienzos, fue un bañadero de hacienda con 21 productores que necesitaban cubrir una necesidad. Entre ellos se pusieron de acuerdo para poder formar esta cooperativa y, después, con constancia, perseverancia y buenas actitudes, fueron sumando cada vez más socios”, relató.
Ese origen, lejos de quedar como una postal del pasado, sigue siendo una definición política e institucional. La Lehmann nació de la necesidad productiva, creció con organización colectiva y se consolidó sobre una idea que Pietrobón sintetiza con claridad: los verdaderos dueños de la cooperativa son los productores.
Una historia personal ligada al cooperativismo
La relación de Pietrobón con la entidad también tiene raíces profundas. Su camino dentro de la cooperativa comenzó en 2003, cuando se integró al Grupo Juvenil, espacio que luego llegó a presidir. Desde allí inició un recorrido institucional que años más tarde lo llevaría al Consejo de Administración y, finalmente, a la presidencia.
“La verdad que estoy desde el 2003 involucrado dentro de la cooperativa. Arranqué en el Grupo Juvenil como presidente, hasta que tuve el orgullo de que el Consejo de Administración se haya fijado en mí y me invitara a formar parte del Consejo”, contó.
Para Pietrobón, asumir responsabilidades dentro de la Lehmann fue un desafío importante, pero también una continuidad natural de una formación familiar marcada por el cooperativismo.
“Soy productor agropecuario y siempre me inculcaron, desde mi abuelo hacia mis padres, lo que era el cooperativismo. Mi abuelo fue dirigente de la cooperativa hace unos años atrás. La verdad que es un desafío muy lindo”, expresó.
En esa trayectoria aparece uno de los rasgos más fuertes del modelo cooperativo: la transmisión entre generaciones. No se trata solamente de administrar servicios o negocios, sino de sostener una cultura de pertenencia, participación y compromiso con el territorio.
Agregar valor, el nuevo desafío
La Cooperativa Guillermo Lehmann no mira su aniversario como un punto de llegada, sino como una plataforma para seguir creciendo. En ese camino, uno de los proyectos destacados es la planta de alimentos balanceados, una iniciativa orientada a generar mayor valor agregado y responder a necesidades concretas de los productores.
Pietrobón explicó que la idea surgió dentro de un grupo de consejeros, con una pregunta simple pero estratégica: cómo podía la cooperativa avanzar más allá de los servicios tradicionales y generar nuevas herramientas para sus asociados.
“Dijimos qué podemos hacer para darle valor agregado a la cooperativa sin que sean solo los productores. Y surgió un tema: por qué no hacer un alimento balanceado, un alimento que el productor necesita”, señaló.
El proyecto se encuentra en pleno desarrollo y, según el presidente de la entidad, despierta un fuerte entusiasmo interno.
“La verdad que es un proyecto muy lindo, que está en pleno desarrollo, en el cual estamos con muchas ganas trabajándolo, con gente muy involucrada. Es un lindo desafío que estamos llevando adelante”, afirmó.
La lectura es clara: en un contexto productivo cada vez más exigente, las cooperativas no pueden limitarse a acompañar. Deben generar soluciones, integrar procesos, agregar valor y construir escala sin perder identidad.
Una red con impacto económico, social y ambiental
La Lehmann define su visión con una mirada regional y de largo plazo: ser líder en la creación de negocios de valor para sus productores agropecuarios asociados, promoviendo la sostenibilidad económica, social y ambiental dentro del marco de los principios cooperativos.
Ese objetivo se expresa en una búsqueda concreta: ser un aliado estratégico del productor agropecuario, brindar servicios de excelencia, mejorar la producción y contribuir a la calidad de vida de socios, colaboradores, clientes, proveedores, familias y comunidades.
La cooperativa también sostiene un compromiso con el cuidado y la preservación del medio ambiente. En su concepción institucional, el desarrollo productivo no aparece separado del arraigo, la comunidad y la responsabilidad territorial.
Allí está, probablemente, una de las claves de su vigencia. La Guillermo Lehmann no creció solamente por prestar servicios, sino por haber construido confianza. Y la confianza, en el interior productivo, no se decreta: se gana con presencia, cumplimiento, trabajo compartido y continuidad.
A 75 años de su nacimiento, la cooperativa celebra su historia, pero también se enfrenta a una exigencia mayor: demostrar que el cooperativismo sigue siendo una herramienta actual para defender al productor, generar escala, agregar valor y sostener comunidades vivas.
Porque cuando una cooperativa recuerda que sus verdaderos dueños son los productores, no solo honra su origen. También define su futuro.

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