
Novonesis refuerza su estrategia en biológicos con tecnologías que mejoran la implantación, la exploración radicular y la salud del suelo en soja y maní
En un contexto productivo atravesado por la incertidumbre climática y la necesidad de maximizar cada decisión agronómica, la agricultura argentina vuelve a poner el foco en lo esencial: el suelo. Allí, donde comienza todo, también se definen los resultados. Y es en ese punto donde las nuevas tecnologías biológicas empiezan a mostrar un diferencial concreto.
En el marco del próximo congreso de Aapresid, José Luis Francica anticipa el relanzamiento de Génesis, el inoculante presentado el año pasado que vuelve al mercado con mayor inversión, más datos de respaldo y un enfoque mucho más marcado en la mejora del suelo y el desarrollo radicular.
“No se trata de productos nuevos, sino de reforzar lo que ya lanzamos, pero con más información, más ensayos y un foco claro en suelo, raíces e implantación”, explica.
Ese cambio de eje no es menor. Durante años, la conversación tecnológica estuvo centrada casi exclusivamente en el rinde. Hoy, sin abandonar ese objetivo, empieza a tomar protagonismo lo que ocurre debajo de la superficie.
Los resultados que vienen observando desde la compañía marcan una tendencia clara: la incorporación de Azospirillum en los tratamientos de semillas genera un sistema radicular más profundo, con mayor volumen de raíces secundarias y una nodulación significativamente superior. En términos productivos, eso se traduce en plantas más vigorosas, mejor implantadas y con mayor capacidad de explorar el perfil del suelo.
“Estamos viendo una exploración mucho más profunda, con raíces que realmente logran penetrar el suelo, incluso en situaciones complejas de compactación”, señala Francica.
Ese punto es clave. En muchos lotes, el problema ya no es solo climático. La compactación del suelo empieza a jugar un rol determinante, condicionando el crecimiento de las raíces. En esos escenarios, las plantas tienden a desarrollar sistemas radiculares superficiales o con crecimiento lateral, limitando su capacidad de absorción de agua y nutrientes.
La nueva generación de inoculantes apunta justamente a revertir esa situación. Con un mayor desarrollo radicular, las raíces logran “anclarse” mejor, ganar estabilidad y acceder a capas más profundas del suelo, lo que no solo mejora el rendimiento, sino también la resiliencia frente a condiciones adversas.
En ensayos comparativos, los resultados son contundentes. En soja, se registraron diferencias de hasta 400 kilos por hectárea respecto a tecnologías anteriores. Pero más allá del número, lo que destaca la compañía es el impacto estructural en el cultivo.
“El cambio se ve en todo: en la raíz, en la parte aérea, en el cierre del surco y también al momento de descalzar la planta. Es un impacto visual muy fuerte”, describe.
La estrategia también se replica en maní, donde el producto Fusion Pro refuerza el mismo concepto: coinoculación, mayor desarrollo radicular y mejora en la interacción con el suelo. En ambos casos, se trata de tecnologías listas para usar, que simplifican la aplicación y eliminan la necesidad de mezclas adicionales.
Ese detalle no es menor. En un esquema donde el productor ya trabaja con múltiples insumos y decisiones, la practicidad se convierte en un valor clave. “Es un producto ready to use. El productor abre, aplica y está incorporando una dobletecnología sin cambiar su forma de trabajo”, explica
Detrás de estos desarrollos hay años de investigación, ensayos y trabajo conjunto con productores. Un proceso silencioso, muchas veces invisible, pero determinante para lograr soluciones adaptadas a los problemas reales del campo.
“Hay mucho de prueba y error, mucho ajuste y mucha escucha. Muchas veces las soluciones nacen directamente de lo que plantea el productor en el lote”, reconoce Francica.
En ese vínculo aparece otro eje central: entender que el desafío productivo ya no pasa solo por sumar insumos, sino por elegir tecnologías que aporten valor integral. Es decir, que no solo mejoren el rendimiento, sino que también contribuyan a la salud del suelo y a la sustentabilidad del sistema.
En ese camino, los biológicos ganan terreno. Lo que hace algunos años parecía una tendencia incipiente, hoy se consolida como un segmento estratégico dentro de la agricultura.
“Los biológicos llegaron para quedarse. Cada vez hay más demanda y más necesidad de este tipo de soluciones”, afirma.
La clave, según el especialista, está en combinar productividad con sustentabilidad. Y eso implica mirar hacia abajo, entender el suelo y trabajar sobre su estructura, su biología y su capacidad de sostener los cultivos en el tiempo.
En definitiva, el mensaje es claro: el futuro productivo no se juega solo en la superficie. Está en las raíces.

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