17 de abril de 2026

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UPOV 91: productores del Norte advierten sobre pérdida de libertad y soberanía productiva


La Ing. Agr. Macarena Ramos, Vicepte. de la Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (APRONOR) sostuvo que avanzar con la normativa implicaría “una inmolación del sector” y cuestiona la falta de debate y participación

La discusión por la adhesión de Argentina a UPOV 91 suma nuevas voces críticas desde el interior productivo. Esta vez fue Macarena Ramos, vicepresidenta de APRONOR, quien planteó con contundencia la preocupación de los productores del norte, poniendo el foco en el uso propio de semillas, los costos estructurales y la falta de equidad en las condiciones productivas.

Ingeniera agrónoma, productora y asesora en el este de Tucumán y zonas cercanas de Santiago del Estero, Ramos describe una realidad atravesada por limitaciones logísticas, márgenes ajustados y una permanente necesidad de adaptación. “Yo radico en una localidad que se llama La Ramada de Abajo, vivo a 30 kilómetros del límite con Santiago del Estero y trabajo en esta zona y también en campos más al norte de Tucumán”, explicó.

Desde ese territorio, también aporta una mirada sobre el rol de la mujer en la dirigencia agropecuaria. “Siempre cito a un amigo que dice que los lugares se ocupan. La mujer tiene que romper ese paradigma, impulsarse, animarse, sumarse. No es fácil, hay desafíos, pero es parte de una construcción para que nuestro rol sea cada vez más presente y normal en el agro”, afirmó.

Sin embargo, el eje central de su planteo está puesto en la postura de APRONOR frente a UPOV 91. La entidad ya emitió dos comunicados en pocos días y busca instalar el tema en la agenda. “Creemos que es un tema que hoy tiene que estar sí o sí sobre la mesa. No solamente APRONOR debería estar ocupándose de esto, porque si se lleva a cabo, las reglas del juego van a cambiar para todo el sector productivo”, sostuvo.

El punto más sensible, según explicó, es el uso propio de la semilla. “Nosotros no desmerecemos la mejora genética ni el desarrollo tecnológico, pero con el esquema que tenemos hoy, con derechos de exportación, avanzar con UPOV 91 es muy ambicioso. Lo titulamos como una inmolación del sector”, advirtió.

En esa línea, fue más directa: “Sentimos que somos ofrecidos en sacrificio en un acuerdo que se pretende hacer y que nos limita en un punto central que es el uso propio de la semilla. No es un privilegio, es una necesidad”.

Ramos planteó que limitar esta herramienta implica afectar directamente la capacidad productiva. “El productor recircula su semilla para mejorar sus campos, para hacer cultivos de servicio. Si tiene que pagar regalías o comprar todos los años, eso deja de ser una alternativa. Mejorar los campos pasa a ser un privilegio que muchos no van a poder sostener”.

Desde su experiencia en el norte, también remarcó las desigualdades estructurales. “Estamos a 1.200 kilómetros del puerto, nuestros márgenes son mucho más bajos. Por eso decimos que nos corta la libertad. El productor pierde la posibilidad de decidir qué sembrar y cómo hacerlo”, explicó.

En el caso de la soja, defendió el uso de variedades ya adaptadas a la región. “Hay materiales con muchos años que tienen muy buen rendimiento y están perfectamente adaptados. No siempre las nuevas variedades superan a las anteriores. Entonces, ¿por qué el productor tiene que dejar de usarlas si le funcionan?”, planteó.

Sobre el maíz, reconoció que la lógica es diferente, pero también cuestionó el sistema. “El productor está obligado a comprar todos los años porque es híbrido, pero aun así hay falencias. Venimos con tres campañas afectadas por el achaparramiento y no hay información clara sobre la tolerancia de los híbridos. Se paga mucho por la semilla, pero no tenemos herramientas para decidir mejor”.

Incluso, alertó sobre el impacto productivo: “Hemos tenido pérdidas de hasta el 60% y todavía estamos viendo qué pasa esta campaña”.

Otro de los puntos que marcó es la falta de unidad dentro del propio sector. “A nosotros también nos llama la atención que no haya una reacción conjunta. Es increíble que este tema no esté siendo debatido por todas las gremiales. Queremos que se ponga sobre la mesa y que todos se involucren”, reclamó.

En paralelo, cuestionó la ausencia de diálogo con el ámbito político. “No hemos sido invitados a dar nuestra opinión. Estamos dispuestos a debatir y a explicar nuestra postura, pero hasta ahora no hubo contacto con el sector legislativo”, señaló.

El contexto económico agrava aún más la situación. “Los costos están exacerbados: fletes, combustible, cosecha. El precio del cereal no acompaña y los derechos de exportación siguen vigentes. Es una bomba de tiempo”, definió.

Para Ramos, el problema de fondo sigue siendo el mismo. “Las retenciones son la madre de la cuestión. No se nos saca el pie de la cabeza y eso condiciona todo el resto”.

Finalmente, expresó su malestar por las definiciones oficiales. “Molesta mucho que se plantee que Argentina sí o sí va a entrar en UPOV 91. Creemos que se están priorizando intereses de unos pocos”, afirmó.

Y cerró con una advertencia de fondo: “Esto va más allá de un acuerdo internacional. Es una pérdida de soberanía. El productor argentino va a depender de decisiones que se toman afuera sobre qué sembrar, cuánto va a costar y eso termina impactando directamente en el precio de los alimentos”.