10 de marzo de 2026

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Camelina y cultivos de servicio: la apuesta de Bayer para transformar el barbecho en producción

Durante Expoagro la empresa mostró lotes de camelina como alternativa invernal dentro de las rotaciones agrícolas. El cultivo, de ciclo corto y bajo requerimiento hídrico, permite generar ingresos en invierno, aportar biomasa al suelo y abrir nuevas oportunidades vinculadas a los biocombustibles de aviación.

En los lotes demostrativos que Bayer presentó en Expoagro 2025 apareció un cultivo que, aunque todavía es poco conocido para la agricultura argentina, comienza a despertar interés entre técnicos y productores: la camelina. La propuesta apunta a resignificar uno de los momentos más pasivos del calendario agrícola, el barbecho invernal, y transformarlo en una etapa productiva dentro de la rotación.

La idea es sencilla en su planteo pero profunda en su impacto agronómico: mantener el suelo activo durante el invierno, sumar biomasa al sistema y generar una renta adicional sin interferir con los cultivos principales de verano. En ese contexto, el cultivo se presenta como una alternativa capaz de ocupar ese espacio que durante años estuvo dominado por el barbecho químico.

Durante la recorrida técnica, Martín Parco, integrante del equipo de carbono de Bayer, explicó que la camelina se está evaluando justamente con esa lógica dentro de los sistemas productivos. “ Vemos un cultivo de camelina que lo posicionamos como un reemplazo del barbecho, un cultivo de renta de reemplazo del barbecho en donde sus principales características es que es un ciclo corto de 120, 125 días y de bajo requerimiento hídrico que nos permite ir a una soja de primera o a un maíz tardío”, señaló mientras describía el lote implantado.

La posibilidad de sumar un cultivo invernal que no complique la planificación de la campaña de verano aparece como una de las claves de su potencial adopción. En ese sentido, Parco insistió en que la principal fortaleza de la camelina radica justamente en su capacidad de transformar un período tradicionalmente improductivo en una oportunidad económica. “El principal punto importante es que es un cultivo de renta aprovechando o reemplazando si se quiere ese barbecho invernal”, explicó.

El cultivo se inscribe dentro de un concepto que gana cada vez más relevancia en la agronomía moderna: los cultivos de servicio. Integrados estratégicamente dentro de las rotaciones, estos cultivos permiten mejorar la salud física, química y biológica del suelo, reducir períodos de suelo desnudo y complementar otras prácticas productivas como la fertilización y el control de malezas.

En el caso de la camelina, además de su rol agronómico aparece un destino industrial que amplía su atractivo. El aceite obtenido de este cultivo puede utilizarse como insumo para biocombustibles de aviación, un segmento que comienza a ganar protagonismo en el mundo a medida que el transporte aéreo busca reducir sus emisiones de carbono. “Específicamente el cultivo de camelina está posicionado para lo que es biocombustibles de aviación dentro de lo que es la normativa europea, que permite que el aceite que se genere pueda ser utilizado como biocombustible de aviación”, explicó Parco.

A pesar de estas oportunidades, la camelina sigue siendo un cultivo prácticamente nuevo para la agricultura argentina, por lo que su desarrollo se encuentra todavía en una etapa inicial. Las primeras evaluaciones se concentran principalmente en la zona núcleo, donde las rotaciones agrícolas y la infraestructura productiva permiten integrarlo con mayor facilidad dentro de los sistemas existentes. “Como es un cultivo nuevo, casi sin uso en la Argentina, está principalmente destinado o enfocado para la zona núcleo en donde vemos los mejores rendimientos y el posicionamiento dentro del sistema agrícola que tenemos hoy y de las rotaciones de hoy en día”, indicó.

En términos regionales, los ensayos muestran buenas perspectivas en el noroeste de Buenos Aires, el sur de Córdoba y algunas áreas de Santa Fe y Entre Ríos. “Donde vemos mejores rendimientos y mejores inclusiones dentro de rotaciones es esa zona de noroeste de Buenos Aires, sur de Córdoba y una parte de Entre Ríos y Santa Fe”, detalló el técnico.

Como ocurre con cualquier cultivo nuevo, la cosecha aparece como uno de los aspectos que más consultas genera entre los productores. La camelina presenta semillas muy pequeñas y requiere ciertos ajustes en la regulación de la maquinaria, lo que puede generar dudas iniciales en quienes todavía no tienen experiencia con el cultivo.

Parco explicó que las regulaciones necesarias no difieren demasiado de las que los productores realizan habitualmente en otros cultivos. “Siempre digo que como a todos los cultivos hay que hacerle ajustes. Uno tiene que dosificar una sembradora de maíz o una cosecha de soja, todos tienen sus ajustes. Este no es la excepción”, señaló.

En términos prácticos, las principales regulaciones se concentran en la velocidad de avance de la cosechadora y en el manejo del ventilador, para evitar la pérdida de los granos más pequeños. “Principalmente es la velocidad de la cosechadora, de avance de cosecha, alrededor de los 4 o 5 kilómetros por hora, y el tema de la velocidad del ventilador para que no expulse los granos, que son muy chiquitos, por la cola de la máquina”, explicó.

En general, una cosechadora convencional utilizada para trigo o soja puede trabajar el cultivo sin mayores inconvenientes, siempre que se realicen las regulaciones correspondientes.

La incorporación de camelina también se vincula con un cambio más amplio en la forma de pensar la agricultura. Los cultivos de servicio comienzan a consolidarse como una herramienta clave para construir sistemas productivos más eficientes y regenerativos, capaces de mejorar la productividad mientras recuperan la salud del suelo.

Este enfoque forma parte de la visión de agricultura regenerativa que Bayer impulsa en la región, basada en el concepto de producir más con menos y restaurar más. En ese marco se desarrolla PRO Carbono, la plataforma de soluciones regenerativas de la compañía en América Latina que ya conecta a cerca de 3.000 productores y promueve la medición de carbono, la adopción de prácticas regenerativas y la trazabilidad de los sistemas productivos.

El objetivo es avanzar hacia cadenas agrícolas más sustentables, capaces de generar valor ambiental y económico a partir de datos medidos y verificables. En ese proceso, cultivos como la camelina comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de las rotaciones agrícolas, no solo como alternativa productiva sino también como parte de una transición hacia sistemas más resilientes.