27 de abril de 2026

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Villanueva Drones desafía los límites del agro con el gigante de 170 litros.

​ Villanueva Drones presentó en Expoagro 2026 el equipo más grande de Sudamérica, un dron de 150 kg de capacidad de carga. Apuesta a consolidar una tecnología que gana lugar en aplicaciones, siembra y fertilización. “Ya no hay tanto desconocimiento”, aseguró José Depetris desde la compañía. 

La transformación tecnológica del agro sumó en Expoagro 2026 una de sus imágenes más potentes. Villanueva Drones presentó en la muestra el que define como el dron agrícola más grande de Sudamérica, el KING 150 MAX, de la marca GTEEX, un equipo de gran porte con capacidad para 150 kilos, pensado para aplicaciones, fertilización y siembra, y que marca un salto en escala dentro de un segmento que ya dejó de ser una novedad para convertirse en una herramienta cada vez más concreta dentro del negocio productivo.

En un contexto en el que el productor mira cada vez más los costos, los tiempos de ingreso al lote y la necesidad de evitar pérdidas por pisoteo o demoras, el dron empieza a ganar terreno como complemento y, en algunos casos, como alternativa más eficiente frente a otras herramientas.

José Depetris, líder de la unidad de Negocios, planteó que el cambio cultural ya está en marcha. “Las nuevas generaciones nacieron con la tecnología, por lo que no la cuestionan tanto. Los productores quizás un poco más grandes todavía es necesario brindarle más información para demostrar la utilidad de los drones, pero por suerte están todos predispuestos a transitar esta etapa”, afirmó.

En su mirada, ese proceso es clave porque permite pasar a una discusión más sofisticada: no si el dron sirve o no, sino qué tamaño conviene, para qué uso y con qué escala de trabajo. “Necesitamos que el productor realmente vea el valor de la tecnología para después que entienda cuál es el mejor tamaño que le sirve o cuál es el mejor uso que le puede dar”, explicó.

La capacidad del nuevo gigante de la firma deja en claro que es una tecnología en expansión. “El 150 MAX justamente es el dron más grande de Latinoamérica, con un tanque de 170 litros de sólido, está pulverizando a 10 litros por hectárea 60 hectáreas por hora”, sostuvo. 

En relación a cómo funciona la tecnología frente a los equipos terrestres, el especialista agregó: “No es que compite directamente la terrestre con el dron, hay un mercado más grande. A la hora de entrar en un lote que acaba de llover, donde no hay piso, donde hay un cultivo que yo no quiero pisar, aparece como una alternativa útil y funcional. Es más eficiente en términos económicos, no pisar el cultivo, entrar a tiempo después de una lluvia”.

Ese punto es uno de los argumentos más repetidos por quienes impulsan la adopción de drones agrícolas: la posibilidad de hacer aplicaciones sin esperar varios días a que el lote recupere piso, ingresar en cultivos sensibles o avanzar con tratamientos sanitarios en ventanas donde la oportunidad define buena parte del resultado.

Si yo necesito adelantar o acelerar un tratamiento de conflicto sanitario, no tengo que esperar dos o tres días para la terrestre: entro con el dron”, resumió Depetris.

Del miedo inicial a la adopción acelerada

La empresa percibe que el mercado está entrando en una nueva etapa en la que se espera para fin de año se llegue a unos 3500 drones de uso agrícola en el país.

El productor está empezando, o ya empezó, a acelerar la toma de decisión en adquirir una tecnología que al principio tenía un poco de miedo, dado principalmente por el desconocimiento”, señaló; al tiempo que agregó: “Hoy se están viendo muchos drones volando y se están empezando a ver los beneficios que tiene hacer aplicaciones, siembras o fertilizaciones con ellos”.

Ese cambio de percepción aseguró, se reflejó de manera directa en la muestra. “El productor, por suerte, se está acercando mucho, se está interiorizando y está consultando todas las promociones que tenemos en el stand”, afirmó.

La lectura de la empresa es que el mercado no sólo validó la tecnología, sino que además empezó a ampliarse hacia nuevos usos. Según explicó Depetris, hay tareas que antes directamente no estaban en el radar productivo y que ahora aparecen como oportunidades concretas para los drones, entre ellas la siembra de cobertura, aplicaciones puntuales, fertilización y trabajos sobre lotes donde la logística terrestre se vuelve más compleja.

Capacitación, el factor clave para consolidar el negocio

Aun con el salto tecnológico, desde la compañía subrayan que la expansión del segmento no puede separarse de la formación de los operadores. “El operador del dron necesita tener conocimientos técnicos de mapeo, que lo damos nosotros en un curso de entrega técnica”, advirtió Depetris. Y en esa línea detalló que quien maneje estos equipos debe conocer cuestiones vinculadas a deriva, gotas, comportamiento de fitosanitarios, toxicidad de productos y condiciones de aplicación.

Necesita estar capacitado y saber justamente también para que la industria entre todos la podamos hacer de alguna manera, porque si no después castigamos al dron”, sostuvo.

El planteo no es menor. En un segmento que crece rápido, la profesionalización aparece como una condición central para evitar errores operativos, problemas regulatorios o cuestionamientos sobre el uso de la tecnología.

Tres escalas, un mismo mercado en expansión

Hoy Villanueva trabaja con tres modelos en comercialización, cubriendo distintos tamaños y necesidades productivas. Además del King 150 MAX, el King 100, el equipo más vendido y versátil de la empresa que opera en el orden de 40 hectáreas por hora; el modelo más chico, el GTEEX 40, con un tanque de 40 litros de líquido, que logra en promedio entre 20 y 25 hectáreas por hora, dependiendo de la eficiencia del aplicador.