18 de abril de 2026

Portal Agropecuario

El Campo por todos los medios

El Estado necesario: ni militancia, ni motosierra

Durante años se instaló en la Argentina una discusión que parece no encontrar equilibrio: qué Estado queremos, cuánto Estado es necesario y hasta dónde debe llegar su rol. Y como ocurre casi siempre en los debates extremos, las posturas absolutas terminan dejando en el medio a lo más importante: el funcionamiento real del país.

En más de una oportunidad se sostuvo que no se puede dejar todo en manos del mercado, ni tampoco sostener un Estado sobredimensionado, lleno de militancia rentada, cargos sin función y estructuras creadas para sostener aparatos políticos. Un Estado militante, financiado por los contribuyentes y destinado a apuntalar proyectos políticos, es tan inviable como un Estado vaciado de técnicos, profesionales y herramientas esenciales.

Durante años, se escuchó que el Estado debía hacerse cargo de la militancia. Y así ocurrió: estructuras engordadas, cargos que sobrevivieron a los funcionarios que los habían traído y personas que, aun cuando el poder político que los convocó ya no estaba, quedaron dentro del Estado y terminaron siendo parte de su planta permanente. Es una práctica que se repite gobierno tras gobierno.

Pero en la vereda de enfrente también hay un riesgo igual de profundo. Porque nadie puede desconocer la importancia de organismos como el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, el Instituto Nacional de Semillas o el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Detrás de cada alimento que exporta la Argentina hay controles sanitarios, investigación, desarrollo genético, ciencia aplicada y normativas que sostienen la credibilidad del país en el mundo.

El problema surge cuando se confunde eficiencia con desmantelamiento. Reducir el Estado sin planificación, sin criterios técnicos y sin proteger áreas estratégicas no es eficiencia: es un tiro en el pie.

El caso del Scrapie en ovinos es un ejemplo preocupante. Para los productores no se actuó a tiempo, faltaron insumos y las consecuencias van a ser severas. Y podrían ser aún peores. Si Argentina pierde credibilidad sanitaria y científica, el daño trasciende un brote puntual: afecta exportaciones, mercados y confianza internacional. Para el SENASA los controles estuvieron bien aplicados en tiempo y forma. El tiempo lo dirá.

Por eso, cuando se habla de recortar, debe hacerse con precisión quirúrgica, no con un hacha. Ajustar sí, pero donde corresponde: en estructuras innecesarias, en cargos políticos, en privilegios. No en los pilares técnicos que sostienen la calidad y la reputación del país.

Porque detrás de cada producto argentino que llega al exterior hay un trabajo silencioso de investigación, control y certificación. Y si esos engranajes se rompen, el impacto no se ve en un despacho oficial, sino en cada cadena productiva.

Recortar por recortar no es gobernar: es arriesgar el futuro. Y si la motosierra corta sin criterio, lo que se rompe no siempre se puede volver a pegar. Como un jarrón: puede repararse, pero nunca vuelve a ser el mismo.

Lic. Horacio Esteban

Director Portal Agropecuario