
Alfredo Paseyro, director de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) defendió el tratado internacional como herramienta para impulsar inversión y desarrollo, mientras persisten dudas y mitos dentro del sector productivo .
A menos de 72 horas de que el secretario de Agricultura confirmara que el tema será enviado al Congreso, el debate por la adhesión de Argentina a UPOV 91 vuelve a instalarse con fuerza en la agenda agropecuaria. No es una discusión nueva, pero sí una que, una vez más, encuentra al sector dividido entre quienes ven una oportunidad y quienes advierten riesgos.
Alfredo Paseyro, director de la Asociación de Semilleros Argentinos, puso en contexto el momento político: “Fue anunciado por el secretario en un encuentro de la Cámara Americana y está dentro del marco de un compromiso que Argentina y Estados Unidos firmaron”. Y aunque el proceso no avanza al ritmo esperado, aclaró: “Está demorado por una cuestión de aranceles, pero el tema UPOV sigue siempre adelante”.
Desde ASA vienen insistiendo desde hace años con la necesidad de avanzar en este esquema. Paseyro lo explicó de manera directa: “UPOV es una organización de estados, estamos hablando de un tratado internacional de propiedad intelectual, que es un marco que luego cada país lo va adecuando a su estrategia, a su necesidad, a su historia”.
Hoy, 63 estados forman parte de UPOV 91, mientras que Argentina continúa bajo UPOV 78. Para el dirigente, el cambio no es menor: “Para la Asociación de Semilleros es un salto cualitativo para la Argentina, para incentivar y darle dinamismo a una cantidad de especies y economías regionales que hoy no lo tienen”.
Pero el problema no es técnico. Es político. Y Paseyro no lo esquiva: “Sabemos que esto es una cuestión política, porque cuando llegue al Congreso tenemos que tener todos los argumentos para que pueda avanzar”.
En ese punto aparece una de las claves del debate: la resistencia. “Los productores y el sector tienen similitudes con otros sectores de la economía argentina. Tantos años de cierres, de proteccionismo, de no estar compitiendo con el mundo, todo se convierte en amenazas”, señaló. Y sumó otro factor: “Eso genera resistencia y también creo que falta un poco de claridad de lo que se trata”.
Esa falta de claridad, según explicó, alimenta una serie de mitos que hoy condicionan la discusión. “El primer mito es el fin del uso propio. Eso no está escrito, todo lo contrario, lo ordena y le pone límites”, sostuvo. También desestimó otra de las preocupaciones más extendidas: “No hay nada que indique que Argentina va a ir a un modelo de patentes en UPOV 91”. Y fue más allá al referirse a la supuesta concentración del mercado: “Se construye una narrativa de que se va a cartelizar la industria semillera, que van a haber monopolios, y lo cierto es que es todo lo contrario”.
Mientras el Congreso todavía no debate, el sector privado ya empezó a moverse. Paseyro mencionó el caso de Sembrá Evolución como ejemplo concreto: “La industria ya hace unos años empezó a trabajar un modelo que hoy tiene un nombre comercial”. La lógica es simple: acuerdos entre privados para acceder a tecnología. “Lo que se busca es no limitar ni privar a la Argentina de tener innovación, en particular en soja”, explicó. Y los números empiezan a mostrar resultados: “Hoy estamos hablando de casi 7 millones de hectáreas de la última campaña de soja bajo ese modelo”.
Para el titular de ASA, este tipo de experiencias demuestra que hay margen para construir soluciones: “La posibilidad de hablar entre privados, de encontrar una manera de salir de este nudo gordiano, es una propuesta concreta”. Aunque también dejó en claro que el rol del Estado sigue siendo clave: “Siempre vamos a necesitar un control, con una autoridad de aplicación que vele por los derechos tanto del obtentor como del productor”, en referencia al trabajo del INASE.
Otro de los argumentos que suele aparecer en contra de UPOV 91 es el caso de Brasil. Paseyro respondió con cautela: “Es el ejemplo que se está utilizando en este último tiempo, pero habría que ver toda la normativa que tiene”. Y explicó: “Tal vez le falte el nombre de UPOV 91, pero gran parte de estos conceptos están incorporados en la legislación brasileña”. De todos modos, aclaró que el desarrollo brasileño no se explica por un solo factor: “Cuando vemos la productividad y cómo Brasil incorpora tecnología, hay un conjunto de cosas como la estabilidad macroeconómica, el crédito y las condiciones de acceso a la innovación”.
En el fondo, la discusión vuelve a exponer una dificultad más profunda. “Nos cuesta construir políticas públicas. Tenemos proyectos de ley de semillas que pierden estado parlamentario y volvemos a empezar”, admitió Paseyro. Y contrastó con otro caso del mismo sector: “La biotecnología en Argentina es una política pública desde el año 91 y ha ido mejorando y dando resultados”.
En semillas, en cambio, el escenario es otro. “No podemos construir una política pública para incentivar la innovación y el mejoramiento genético”, señaló. Y describió una realidad que muchas veces queda fuera del radar: Las consecuencias son concretas: “Cuando salimos 500 kilómetros hacia el interior nos encontramos con legumbres, maní, arroz, poroto. En este último se siembran enormes cantidades y no hay variedades registradas en el INASE”. “Todo eso significa menor rinde, menor sanidad y peores condiciones comerciales”.
También hubo espacio para aclaraciones puntuales frente a otras preocupaciones. Sobre las especies nativas, fue categórico: “Todo lo que es especies nativas, criollas y el acervo cultural de cada país no está alcanzado por esto. Está totalmente protegido”. Y respecto al llamado “doble cobro”, insistió: “No es así, no lo dice UPOV, no lo hace la Argentina y no es una práctica”.
En paralelo, comienzan a circular propuestas de ley impulsadas por entidades del sector, aunque desde ASA reconocen que aún no han sido analizadas en profundidad. “Lo tenemos más por los medios que por encuentros con quienes tuvieron la iniciativa”, admitió.
El cierre de Paseyro deja en claro que, más allá de los tiempos políticos, el tema no pierde urgencia: “Si no damos el paso, no se va a correr nunca el velo y vamos a seguir perdiendo oportunidades de inversión y crecimiento”.

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