
La restitución como país libre de influenza aviar abre oportunidades, pero también exige sostener el compromiso sanitario
La cadena avícola argentina vuelve a encontrar un punto de apoyo después de meses complejos. La restitución del estatus como país libre de influenza aviar altamente patógena, comunicada por el SENASA ante la Organización Mundial de Sanidad Animal, no solo representa un logro sanitario, sino también una señal concreta hacia el futuro productivo y comercial del sector.
Desde la industria, la reacción fue inmediata. La noticia fue recibida con alivio, pero también con una mirada puesta en lo que viene. Carlos Sinesi, director ejecutivo de CEPA, lo expresó con claridad al señalar que “desde la industria avícola, recibimos con gran satisfacción la noticia comunicada por el SENASA sobre la restitución del estatus de la Argentina como país libre de influenza aviar altamente patógena”.
El impacto de esta restitución es directo. La recuperación del estatus sanitario es condición necesaria para retomar el vínculo con los mercados internacionales, en un contexto donde la sanidad define la competitividad. En ese sentido, Sinesi remarcó que “este es, sin dudas, un paso fundamental para continuar nuestro camino exportador y avanzar en la reapertura de los mercados internacionales para los productos avícolas nacionales y trabajar en la zonificación en aquellos destinos donde aún no tenemos acuerdos”.
No se trata solo de volver a exportar. El trasfondo es más amplio. La avicultura forma parte de una de las cadenas que agregan valor en origen y generan ingreso de divisas en un país que necesita sostener su capacidad productiva. Por eso, el impacto trasciende lo sectorial. “Este logro nos permite seguir contribuyendo al crecimiento de la economía argentina, agregando valor en origen y generando el ingreso de divisas que el país necesita”, agregó el directivo.
Detrás de este resultado hay un trabajo técnico que fue determinante. El rol del SENASA vuelve a quedar en evidencia como actor central en la sanidad animal. Desde el sector privado se reconoce ese proceso. “Queremos destacar y valorar especialmente el trabajo técnico y el compromiso del SENASA para alcanzar esta restitución”, sostuvo Sinesi.
Sin embargo, el propio sector advierte que el escenario no permite relajarse. La recuperación del estatus es un paso, pero no un punto de llegada. La influenza aviar continúa siendo una amenaza a nivel global, y mantener la condición sanitaria dependerá del comportamiento de toda la cadena.
En ese sentido, Sinesi puso el foco en lo que viene: “debemos ser conscientes de que el desafío continúa”. Y allí aparece uno de los ejes más sensibles: la prevención. “Es sumamente importante que se implementen y refuercen las campañas de comunicación para que todos los actores de la cadena adopten las medidas de prevención necesarias”, señaló.
La bioseguridad deja de ser una recomendación para convertirse en una obligación compartida. La sostenibilidad del estatus no depende de una sola decisión, sino de un trabajo coordinado. “Mantener este estatus requiere de un esfuerzo conjunto para proteger nuestra producción y el futuro de la industria”, concluyó.
Así, la avicultura argentina vuelve a posicionarse, pero con una certeza: en un mundo donde la sanidad es condición de acceso, sostener lo logrado será tan importante como haberlo recuperado.

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