
Leonardo De Benedictis, meteorólogo de AZ Group, advirtió que la Argentina atraviesa un escenario de humedad muy elevada, con complicaciones para la cosecha gruesa, pero con perspectivas favorables para los perfiles de suelo de cara al invierno y al próximo ciclo productivo
La dinámica climática cambió de manera marcada en buena parte de la Argentina y el dato saliente del último mes fue el regreso generalizado de las lluvias. Según explicó Leonardo De Benedictis, meteorólogo de AZ Group, el país viene de atravesar semanas con características extremadamente húmedas, en un contexto muy distinto al que había dejado el verano bajo la influencia de La Niña.
El especialista señaló que durante las últimas semanas casi no quedaron regiones sin recibir precipitaciones importantes. En algunos casos, los acumulados fueron excesivos y en otros resultaron más moderados, pero el rasgo dominante fue una recuperación generalizada de la humedad. Para De Benedictis, se trató de un período “realmente muy dinámico”, con eventos de lluvia de magnitud significativa en gran parte del territorio nacional.
Ese cambio se da luego de la finalización del evento La Niña, que durante el verano condicionó con fuerza la disponibilidad de agua. El meteorólogo recordó que ese fenómeno dejó entre 45 y 60 días prácticamente sin lluvias en distintas zonas del país. Ahora, en cambio, la atmósfera muestra una situación neutral ya consolidada, con una marcada presencia de humedad.
De Benedictis aclaró, sin embargo, que las precipitaciones actuales todavía no pueden atribuirse a un evento El Niño. Remarcó que ese fenómeno aún no está activo, aunque sí reconoció que empiezan a observarse señales de una transición que podría desembocar en su aparición más adelante. En principio, esa posibilidad se ubica entre fines del invierno y comienzos de la primavera, aunque por ahora persisten dudas sobre el momento exacto en que podría instalarse.
Más allá de esa discusión técnica, sostuvo que lo más importante hoy es el punto de partida: un ambiente claramente húmedo. Esa condición está generando dificultades concretas para la logística de la cosecha de granos gruesos, ya que complica el ingreso a los lotes y el movimiento de la maquinaria. Al mismo tiempo, dejó en claro que, si las condiciones de piso acompañan, el panorama de mediano y largo plazo resulta favorable por la buena reserva de agua en los suelos.
En ese sentido, destacó que los perfiles vienen mostrando una recuperación importante y que la humedad disponible deja una base sólida para atravesar el invierno con mejores condiciones. También indicó que la recurrencia de las lluvias en este tramo del año permite pensar en un escenario alentador para el próximo ciclo, sobre todo si el eventual ingreso de El Niño termina reforzando el régimen de precipitaciones hacia la salida del invierno.
De Benedictis recordó que el invierno, en términos normales, suele representar el período de menor volumen de lluvias en gran parte del centro y norte argentino. Explicó que ese comportamiento forma parte del ciclo natural, con mínimos de precipitación durante los meses fríos y una recuperación más marcada en primavera y otoño. Aun así, aclaró que siempre pueden darse excepciones, como ocurrió con agosto del año pasado, que fue especialmente lluvioso. Pero insistió en que, aun con ese bache estacional, el nivel de humedad acumulado permitiría sostener condiciones favorables en los suelos.
Otro de los ejes de su análisis estuvo puesto en las expectativas que comenzarán a crecer alrededor de El Niño en los próximos meses. Según explicó, van a multiplicarse las especulaciones sobre su intensidad y sobre el eventual impacto que podría tener, incluso con pronósticos extremos. Frente a ese escenario, llamó a mantener cautela.
De acuerdo con su lectura, hoy existe una probabilidad muy alta de que el próximo ciclo de primavera esté influenciado por un evento El Niño. La mayoría de los modelos, dijo, proyecta un fenómeno al menos de intensidad moderada. Eso no implica todavía que vaya a tratarse de un evento extraordinario ni de una magnitud inédita, algo que por ahora no puede confirmarse. Para el meteorólogo, ese será un aspecto que deberá seguirse semana a semana, a medida que avance el año y los indicadores se vuelvan más firmes.
Lo que sí considera cada vez más claro es que la próxima primavera podría llegar con un patrón más propenso a potenciar las lluvias. Si eso termina ocurriendo, la actual preocupación por el exceso hídrico podría transformarse en una condición persistente a lo largo de casi todo el año, con un invierno menos lluvioso pero igualmente sostenido por la baja evaporación y por la conservación de la humedad en el suelo.
Así, el cuadro que describió De Benedictis deja dos lecturas bien definidas. Por un lado, un presente complejo para la cosecha gruesa por el exceso de agua y las dificultades logísticas. Por otro, una perspectiva mucho más alentadora para la recarga de perfiles y para el arranque del próximo ciclo agrícola, en un contexto que podría fortalecerse todavía más si El Niño termina consolidándose entre fines del invierno y el inicio de la primavera.

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