22 de octubre de 2026

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El margen también se juega en la fertilización

La matemática del lote: una mejor fertilización puede sumar 403 dólares por hectárea en maíz y hasta duplicar el margen en soja

FERTILIZAR AC discutió sobre las “ecuaciones” que se manifiestan en los procesos biológicos y las decisiones económicas en cada lote cuando se instala un cultivo. En escenarios evaluados para la zona núcleo, una mayor inversión en nitrógeno y fósforo para maíz y en fósforo para soja mejora los márgenes.

La fertilización debe evaluarse por su efecto sobre el rendimiento y el resultado económico del cultivo y no solo por el costo de los nutrientes. Ese fue el eje del encuentro con la prensa realizado por FERTILIZAR Asociación Civil, bajo el título “La matemática del lote”, en el que se vincularon los fundamentos agronómicos de la nutrición con las cuentas que utiliza la empresa agropecuaria y el productor para tomar decisiones.

La jornada se organizó en dos partes para presentar los datos de “la matemática biológica” y “la matemática económica”. La primera abordó los requerimientos nutricionales de los cultivos, la extracción de nutrientes a través de las cosechas, los modelos de diagnóstico y la eficiencia agronómica de uso de los nutrientes. La segunda se concentró en las relaciones entre el costo de los fertilizantes y el precio de los granos, y en cómo las decisiones de manejo se trasladan al margen bruto.

La gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC, María Fernanda González Sanjuan, explicó que el objetivo fue aportar herramientas cuantitativas para relacionar la respuesta biológica de los cultivos con el análisis económico de la actividad. “La idea es contar con elementos más precisos para evaluar situaciones en las que se plantea que ‘los números no dan’”.

Cuánto nutriente necesita cada cultivo

El coordinador técnico de FERTILIZAR AC, Esteban Ciarlo, explicó que el primer paso consiste en conocer los requerimientos nutricionales del cultivo y cuántos nutrientes se extraen efectivamente con la cosecha, dado que las plantas toman nutrientes que no necesariamente terminan en el grano, debido a que “una parte permanece en los residuos vegetales”.

En el caso del maíz, por cada tonelada de grano producida el cultivo requiere 20 kilos de nitrógeno (N) y 4 kilos de fósforo (P), mientras que la extracción por el grano es menor: alrededor de 14 kilos de N y 3 kilos de P por tonelada.

Con un rendimiento promedio nacional de 7,7 toneladas por hectárea en la campaña 2025/26, la extracción estimada alcanzó unos 105 kilos de N y 23 kilos de P por hectárea. Esos valores permiten medir la cantidad de nutrientes que salen del lote con la producción y el problema se da cuando el aporte de la fertilización queda por debajo de lo que se extrae. En ese caso, parte de la producción se sostiene con los nutrientes que aporta el propio suelo, “un insumo que no figura directamente en las facturas de la campaña”.

Ciarlo también discutió sobre el comportamiento de los nutrientes, en un contexto de campaña con elevadas precipitaciones. “El nitrógeno es móvil y puede perderse por lavado, por lo que su disponibilidad debe evaluarse en relación con el ciclo del cultivo”. El fósforo, en cambio, “tiene menor movilidad y puede acumularse en el suelo” y, así, su manejo tiene relación con la disponibilidad en las campañas posteriores (medición que aporta el índice de P Bray).

El especialista introdujo el concepto de “eficiencia agronómica”, a la cual explicó como los kilos adicionales de grano que se obtienen por cada kilo de nutriente aplicado, y resaltó la importancia de “una nutrición balanceada: aplicar un nutriente de manera aislada no siempre permite aprovechar todo su potencial si otros elementos limitan el crecimiento”, afirmó. “La dosis, la fuente, el momento y la forma de aplicación también condicionan la eficiencia de la fertilización”.

La matemática económica: cuándo se paga el fertilizante

A su turno, Franco Córdoba, responsable del área de Mercados de FERTILIZAR AC, comentó cómo se relaciona la respuesta productiva con el costo de los nutrientes, a partir de dos fórmulas: la relación insumo/producto y el margen bruto.

La I/P expresa cuántos kilos de grano se necesitan para comprar un kilo de nutriente. Para determinar si una fertilización resulta conveniente, ese valor debe compararse con la eficiencia agronómica: los kilos adicionales de grano que genera cada kilo de nutriente aplicado. “Siempre que la eficiencia agronómica sea mayor a la relación I/P, la respuesta en rendimiento paga la inversión en nutrientes”.

En este sentido, Córdoba graficó que no alcanza con observar cuánto cuesta el fertilizante en términos absolutos; sino que hay que considerar también “cuánto grano se obtiene y qué cantidad se necesita vender para cubrir esa inversión”.

Para los cálculos presentados, tomó precios de referencia a cosecha: 201 dólares por tonelada para el maíz de abril de 2027 y 358 dólares por tonelada para la soja de mayo de 2027. Los valores corresponden a octubre de 2026, al precio de los granos se le descontaron los gastos de comercialización y al precio de los fertilizantes del mes de octubre se le sumó el costo de aplicación en campo.

Córdoba advirtió que, en un contexto de aumento de costos, reducir la dosis de fertilización puede parecer una forma directa de ahorrar, pero esa decisión reduce indefectiblemente los rendimientos y afecta directamente al margen bruto. Para mostrarlo, la entidad comparó distintas estrategias de nutrición en maíz y soja.

Para el estudio del maíz temprano en zona núcleo, FERTILIZAR AC comparó tres estrategias de manejo, con dosis de 80, 120 y 160 kilos de nitrógeno por hectárea, asociadas a rindes alcanzables de 8, 10 y 12 toneladas por hectárea, respectivamente.

En ese escenario, el costo de los fertilizantes pasa de 203 dólares por hectárea con el manejo de menor intensidad a 337 dólares por hectárea con el planteo de mayor productividad; la inversión adicional es de 134 dólares por hectárea.

Allí Córdoba detalló que la diferencia de rendimiento de 4 toneladas por hectárea permite una mejora de 403 USD/ha en el margen bruto pasando de 468 a 871 USD/ha en campo propio.

El margen bruto considerando un alquiler equivalente a 16 quintales de soja por hectárea en el planteo de menor fertilización queda en terreno negativo, con una pérdida de 105 dólares por hectárea. Por el contrario, el escenario intermedio, con 120 kilos de nitrógeno por hectárea y un rinde de 10 toneladas, arroja un margen de 671 dólares por hectárea en campo propio y de casi 100 dólares por hectárea en campo alquilado. En el manejo de mayor productividad, en cambio, alcanza una ganancia de 871 dólares en campo propio y casi 300 dólares en campo alquilado. Por eso, en los escenarios analizados, bajar la fertilización para reducir gastos puede terminar empeorando el resultado económico.

El especialista señaló que los mayores rindes también permiten diluir los costos fijos (como el alquiler, la semilla y las labores) entre más toneladas producidas.

En cuanto al cultivo de soja, se presentaron resultados de una red de ensayos de soja de primera en la zona núcleo y la comparación se hizo con dos niveles de fertilización fosfatada. Con el manejo frecuente, la dosis considerada es de 9 kilos de fósforo por hectárea, un rendimiento de 3,7 toneladas y un costo de fertilizantes de 39 dólares por hectárea. El margen bruto estimado alcanzó 652 dólares por hectárea en campo propio.

En tanto, en el planteo de nutrición completa con una dosis aumentada de 24 kilos de fósforo por hectárea, el rendimiento llegó a 4,2 toneladas. El costo de los fertilizantes subió a 103 dólares por hectárea, pero el margen bruto alcanzó 726 dólares por hectárea. Así, la diferencia es favorable en 74 dólares por hectárea, es decir un 12% entre las distintas estrategias de fertilización.

En el caso de siembras de soja en campo alquilado, con un arrendamiento de 16 quintales de soja, el margen pasó de 79 a 153 dólares por hectárea, es decir, casi se duplica margen bruto. En este caso, el incremento de la inversión en fertilizantes fue de 64 dólares por hectárea y el aumento de rendimiento estimado fue de 500 kg/ha.

Además del efecto sobre el margen de la campaña, Córdoba destacó que “la fertilización fosfatada puede contribuir a mejorar la disponibilidad de este nutriente en el suelo, con efectos que pueden extenderse a cultivos posteriores”.

“El éxito del negocio necesita ante todo rinde”

El presidente de FERTILIZAR AC, Roberto Rotondaro, retomó los resultados económicos para destacar la importancia del rendimiento en la rentabilidad de los cultivos. Según señaló, la tecnología aplicada y la cantidad de fertilizante utilizada pueden modificar sustancialmente el margen bruto, e incluso permitir que un planteo en campo alquilado pase de un resultado negativo a uno positivo.

Rotondaro citó un trabajo de Juan Pablo Monzón, productor CREA e investigador de INTA-CONICET, elaborado a partir de datos de más de 300 productores. Según explicó, el análisis identifica al rendimiento como la variable que mejor explica el margen bruto de los cultivos.

“Tenemos que concentrarnos en las tecnologías que apalancan el aumento de rendimientos”, planteó, sin dejar de plantear la necesidad de cuidar los costos, buscar mejores precios y optimizar los servicios y las labores. “El desafío es evitar que el análisis quede limitado a pequeñas diferencias en el precio de un insumo cuando todavía existe margen para mejorar la cantidad de kilos producidos por hectárea”, dijo.

Rotondaro remarcó que los ensayos de nutrición realizados durante varios años permitieron observar no solo respuestas en el rendimiento de cada campaña, sino también cambios en la calidad productiva del suelo.

En ese sentido, vinculó la fertilización con una estrategia de intensificación sustentable: obtener más kilos por hectárea y por milímetro de agua, aprovechando mejor los recursos disponibles sin depender de la incorporación de nuevas tierras de baja aptitud agrícola o que cumplen otras funciones ecosistémicas -ej: reserva de biodiversidad-.

La conclusión del encuentro fue que la decisión de fertilizar no puede reducirse a cuánto cuesta el producto. Debe considerar cuánto nutriente necesita el cultivo, qué aporta el suelo, qué respuesta productiva puede esperarse y cómo esa respuesta se traduce en el margen económico. La cuenta, insistieron los especialistas, empieza con el diagnóstico de cada lote y se completa al relacionar la eficiencia agronómica con los precios y costos de la campaña.

Al final de la presentación, María Fernanda González Sanjuan anunció la fecha del próximo Simposio FERTILIDAD 2027, a realizarse en el Metropolitano Rosario, los días 19 y 20 de mayo.