18 de junio de 2026

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Ganadería: cae la faena de hembras y el mercado empieza a mirar una posible recomposición del rodeo


Un informe de ROSGAN muestra que entre enero y mayo se faenaron 9% menos vacas y vaquillonas que en igual período de 2025. El dato marca una mayor retención en los campos, impulsada por mejores condiciones climáticas y precios más firmes, aunque los niveles de extracción todavía exigen cautela.

La ganadería argentina comienza a transitar un escenario diferente al de los últimos años. Después del fuerte impacto de la sequía y de un ciclo marcado por la necesidad de vender vientres, los primeros datos de 2026 muestran una señal alentadora: hay menos hembras saliendo de los campos con destino a faena.

El dato surge de un informe elaborado por ROSGAN, que analizó el comportamiento de la faena de vacas y vaquillonas durante los primeros cinco meses del año. Según el relevamiento, entre enero y mayo se enviaron a faena 2.345.880 hembras, frente a las 2.573.937 registradas en el mismo período de 2025.

La caída interanual es del 9% y representa el menor volumen de faena de hembras para ese tramo del año desde, al menos, 2020. En términos productivos, la lectura inicial es positiva: cuando el productor retiene vientres, suele estar apostando a recomponer el rodeo, mejorar la producción futura de terneros y sostener una expectativa favorable sobre el negocio ganadero.

Sin embargo, el informe también advierte que todavía no alcanza con mirar sólo la baja en el número absoluto de animales faenados. La recomposición del stock no se confirma con un único dato, sino con una combinación de indicadores que deben sostenerse en el tiempo.

Una señal favorable, pero no definitiva

La participación de las hembras dentro de la faena total sigue siendo uno de los principales indicadores para medir en qué etapa del ciclo ganadero se encuentra el país. Durante los primeros cinco meses de 2026, vacas y vaquillonas representaron el 47,5% de la faena nacional.

Ese porcentaje se mantiene muy cerca del 47% registrado en igual período del año pasado. El problema es que ya son cuatro años consecutivos con una participación de hembras por encima de ese nivel, considerado históricamente como una zona de equilibrio para la evolución del rodeo.

Cuando la faena de hembras se mantiene durante mucho tiempo por encima de ese umbral, se enciende una luz amarilla: el sistema puede estar extrayendo vientres a un ritmo superior al que logra reponer. Y si eso ocurre, la consecuencia aparece más adelante, con menor producción de terneros y dificultades para recuperar el stock.

El panorama actual está lejos de los niveles críticos observados en 2019, cuando la participación de hembras se acercó al 50%. Pero, aun así, ROSGAN sostiene que el indicador debe seguirse de cerca para saber si la menor faena actual se consolida como una tendencia de retención o si apenas responde a una mejora coyuntural.

La tasa de extracción sigue cerca del límite

Otro punto central del informe es la tasa de extracción de hembras. Este indicador compara la cantidad de vacas y vaquillonas faenadas con el stock disponible al inicio del ciclo productivo.

En los primeros cinco meses de 2026, esa tasa alcanzó el 8,2%, sobre la base de una faena de 2,35 millones de hembras y un stock inicial estimado en 28,4 millones de cabezas.

La cifra muestra una mejora respecto de años anteriores, pero todavía se ubica levemente por encima del nivel considerado compatible con una recomposición sostenida del rodeo. Según el análisis histórico, tasas superiores al 8% suelen estar asociadas a procesos de reducción del stock, mientras que niveles inferiores permiten pensar en etapas de crecimiento.

Por eso, aunque el dato de menor faena es relevante, todavía no permite afirmar que la ganadería argentina haya ingresado plenamente en una nueva fase expansiva. Para que eso ocurra, la extracción debería moderarse de manera más clara y mantenerse por debajo de los niveles críticos durante varios ciclos.

La reposición, el punto más sensible

La recuperación del rodeo no depende únicamente de faenar menos vacas. También exige que el sistema produzca e incorpore suficientes terneras para reemplazar las hembras que salen de la actividad.

En ese punto, el informe marca una limitación importante. Al inicio del ciclo, la cantidad de terneras incorporadas al rodeo fue de 7,19 millones de cabezas, unas 120.000 menos que en 2025.

Además, desde el récord de 7,56 millones de terneras registrado en 2022, la producción total de terneros viene mostrando una tendencia descendente. Este dato es clave porque limita la capacidad de sostener mayores niveles de faena sin comprometer la evolución futura del stock.

En otras palabras, la menor salida de vacas es una buena noticia, pero no resuelve por sí sola el problema estructural. Para recomponer el rodeo hace falta mejorar los índices reproductivos, elevar la producción de terneros y sostener condiciones productivas que permitan retener vientres durante más tiempo.

Clima, pasto y precios: las razones detrás de la retención

El cambio de escenario también tiene una explicación productiva. A diferencia de los años más duros de la sequía, cuando muchos productores debieron adelantar destetes, vender vacas vacías y reducir carga animal para sostener los campos, 2026 presenta condiciones más favorables.

La mejora climática en buena parte de las zonas ganaderas permitió una mayor disponibilidad de forraje. Con más pasto, el productor tiene margen para sostener animales, postergar ventas y tomar decisiones menos forzadas.

A eso se suma un contexto de precios que también ayudó a modificar la estrategia. Tanto la vaca como el ternero mostraron valores atractivos, generando incentivos para retener animales y esperar mejores oportunidades comerciales.

Según ROSGAN, esta combinación de clima favorable, oferta forrajera y precios firmes llevó a muchos productores a demorar destetes y postergar la venta de vacas destinadas a faena.

Más peso en la faena

Otro dato que acompaña esta lectura es el aumento del peso promedio de faena. A mayo de 2026, el peso promedio de la res con hueso se ubicó cerca de los 238 kilos por animal, por encima de los 232 kilos registrados en igual período de 2025.

La diferencia es todavía más significativa si se compara con 2023 y 2024, años en los que la sequía había reducido los pesos promedio a valores de entre 217 y 223 kilos.

Este incremento refleja mejores condiciones de alimentación y engorde. Con más disponibilidad de pasto y una menor presión para vender, los productores pueden llevar los animales a faena con más kilos, lo que mejora la eficiencia del sistema y permite amortiguar parcialmente la menor oferta de cabezas.

Una recuperación que todavía debe confirmarse

El informe de ROSGAN deja una conclusión clara: la ganadería argentina muestra señales de mayor retención de hembras, pero todavía no tiene garantizada una recuperación estructural del stock.

La caída del 9% en la faena de vacas y vaquillonas es un dato positivo. También lo es el aumento del peso promedio y la mejora de las condiciones productivas. Pero la participación de hembras en la faena total sigue en niveles elevados y la tasa de extracción continúa cerca del umbral crítico.

El desafío, entonces, no es sólo retener más vientres durante algunos meses. El verdadero cambio de ciclo dependerá de que esa retención se sostenga, de que mejore la producción de terneros y de que el rodeo encuentre una senda de recomposición estable.

La ganadería parece haber dejado atrás el momento más defensivo de la sequía. Pero para hablar de una nueva etapa, el sector todavía necesita algo más que señales: necesita continuidad, reposición y tiempo.