23 de septiembre de 2026

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Carne sin origen: cuestionan las importaciones de Estados Unidos y el poder de la industria frigorífica

Eric Schlosser cuestionó el aumento de las importaciones de carne vacuna en Estados Unidos, la falta de etiquetado de origen y la concentración del mercado frigorífico.

El periodista estadounidense Eric Schlosser puso bajo la lupa la decisión de ampliar el ingreso de carne vacuna importada, la falta de identificación del país de origen en los cortes y el creciente nivel de concentración de la industria. También apuntó al peso que tienen grandes compañías como JBS dentro del mercado norteamericano.

La carne vacuna volvió a quedar en el centro del debate alimentario y político en Estados Unidos. El periodista de investigación Eric Schlosser, autor de Fast Food Nation, cuestionó en una entrevista con Democracy Now! la creciente participación de carne importada en el mercado estadounidense, la ausencia de un etiquetado obligatorio de origen para los consumidores y el poder alcanzado por un reducido grupo de grandes compañías frigoríficas.

Schlosser analizó particularmente una reciente decisión del gobierno estadounidense que permitiría el ingreso, sin aranceles, de aproximadamente 660 millones de libras de carne vacuna, buena parte de la cual, según sostuvo, podría provenir de Brasil.

Para el periodista, el problema no pasa únicamente por la importación en sí misma, sino por la imposibilidad que tienen los consumidores de conocer con claridad dónde fue producido el alimento que compran.

“Si Brasil quiere vender su carne en Estados Unidos, que lo haga, pero que coloque una etiqueta indicando su procedencia”, planteó.

Una carne cuyo origen el consumidor no puede identificar

Schlosser explicó que el etiquetado obligatorio del país de origen para la carne vacuna y porcina dejó de aplicarse en Estados Unidos en 2015.

A partir de allí, sostiene, el consumidor perdió una información que considera esencial para poder decidir qué producto comprar.

El periodista comparó esa situación con la que rige para numerosos productos industriales y alimentos, donde la procedencia se encuentra claramente identificada.

El punto resulta especialmente relevante en un mercado en el que las importaciones tienen un peso creciente y en el que varios de los principales actores frigoríficos poseen operaciones distribuidas en distintos países.

Schlosser insistió en que la discusión no debería plantearse como una oposición a Brasil o a la carne extranjera, sino como una cuestión de transparencia comercial e información para el consumidor.

JBS bajo la mirada de Schlosser

Uno de los puntos centrales de la entrevista estuvo relacionado con JBS, uno de los mayores grupos cárnicos del mundo.

Schlosser señaló una serie de vínculos y antecedentes relacionados con la empresa y su expansión dentro de Estados Unidos. En ese contexto, recordó que Joesley Batista, integrante de la familia controlante de JBS, reconoció en Brasil el pago de sobornos a funcionarios y dirigentes políticos en el marco de causas judiciales desarrolladas en ese país.

También vinculó la discusión con la presencia creciente de capitales brasileños en la industria frigorífica estadounidense.

Las consideraciones de Schlosser sobre eventuales influencias empresariales sobre decisiones gubernamentales forman parte de su análisis periodístico y no constituyen, por sí mismas, una prueba de irregularidades vinculadas con la medida de importación.

El periodista sostuvo, sin embargo, que el caso vuelve a mostrar una cuestión más amplia: el nivel de influencia que alcanzaron las grandes corporaciones dentro del sistema alimentario.

Cuatro compañías concentran gran parte del negocio

Schlosser puso el foco también en la concentración de la industria frigorífica de Estados Unidos.

Según señaló durante la entrevista, las cuatro principales empresas del sector concentran alrededor del 85% del mercado de carne vacuna estadounidense, mientras que en la década de 1970 las cuatro mayores compañías representaban cerca del 21%.

Para el autor de Fast Food Nation, esta transformación redujo el nivel de competencia, aumentó el poder de negociación de los grandes frigoríficos y modificó profundamente la relación con los productores ganaderos.

Schlosser recordó que durante décadas Estados Unidos contó con un mercado ganadero mucho más atomizado y con una cantidad considerablemente mayor de productores.

La concentración, indicó, fue avanzando a medida que grandes empresas comenzaron a absorber frigoríficos y aumentar su participación dentro de la cadena.

Ganaderos, frigoríficos y poder de negociación

El ingreso de carne importada a bajo precio también abre interrogantes sobre su impacto en los productores estadounidenses.

Schlosser cuestionó que una administración que mantiene un discurso de defensa de la producción nacional avance con decisiones que, a su entender, pueden aumentar la competencia externa sobre la ganadería local.

El periodista considera que el crecimiento de las importaciones puede ejercer presión sobre un mercado en el que los frigoríficos ya poseen un alto grado de concentración.

Ese escenario deja a los ganaderos frente a una cadena donde un número reducido de compradores dispone de una posición dominante al momento de adquirir hacienda.

Para Schlosser, la discusión sobre la carne importada no puede separarse de esta estructura.

Seguridad alimentaria en debate

Otro de los aspectos abordados fue la seguridad alimentaria.

Schlosser aseguró que, pese a sus críticas históricas a la industria frigorífica estadounidense, preferiría consumir carne producida en Estados Unidos antes que determinados productos importados sobre los que, a su juicio, existen mayores dudas respecto de sus controles sanitarios.

En ese punto recordó antecedentes registrados en Brasil relacionados con problemas sanitarios y casos de corrupción vinculados con controles de alimentos.

También se refirió a episodios en los que otros países rechazaron cargamentos de carne debido a la detección de residuos de medicamentos veterinarios o sustancias prohibidas.

Para el periodista, contar con información sobre el origen permitiría al consumidor evaluar esos antecedentes y tomar una decisión propia.

El debate por los controles

Schlosser también cuestionó el funcionamiento de los organismos estadounidenses responsables de la seguridad alimentaria y advirtió sobre los riesgos de debilitar los sistemas de inspección y análisis.

Según explicó, cuando disminuyen los controles resulta más difícil rastrear alimentos contaminados, identificar su origen y retirarlos rápidamente del mercado.

El periodista considera que una regulación eficaz no debería plantearse como un obstáculo a la industria, sino como una herramienta para preservar la seguridad de los consumidores y generar confianza dentro de la cadena.

Un sistema alimentario cada vez más concentrado

A 25 años de la publicación de Fast Food Nation, Schlosser sostiene que uno de los grandes problemas que describió en aquel momento continúa vigente.

Su preocupación central es el crecimiento del poder corporativo dentro del sistema alimentario.

El fenómeno, señala, puede observarse en la carne vacuna, pero también en otros sectores donde unas pocas compañías concentran enormes porciones del mercado.

En el caso de la carne, esa estructura adquiere particular importancia porque conecta a productores ganaderos, frigoríficos, cadenas comerciales, restaurantes y consumidores.

Para Schlosser, recuperar mayores niveles de competencia, fortalecer los controles y restablecer información clara sobre el origen de los alimentos serían pasos fundamentales para equilibrar esa relación.

El origen vuelve al centro de la discusión

Más allá de las controversias políticas que rodean a las importaciones estadounidenses, la entrevista vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que tiene impacto directo sobre el comercio internacional de carnes.

¿Debe el consumidor conocer obligatoriamente el país en el que fue producido el alimento que compra?

Schlosser sostiene que sí.

La discusión resulta particularmente relevante en un mercado global donde la carne puede producirse en un país, procesarse por una compañía multinacional y comercializarse finalmente a miles de kilómetros de su lugar de origen.

En ese escenario, la trazabilidad, el etiquetado y la transparencia dejan de ser únicamente herramientas sanitarias. También pasan a formar parte de la disputa comercial y de la construcción de confianza entre productores, industria y consumidores.

Fuente: entrevista a Eric Schlosser en Democracy Now!

https://youtu.be/VNxd3QmNB-8?si=ZOVd8p4Ijjk6v15p