1 de agosto de 2026

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El Campo por todos los medios

Álvarez Maldonado defendió al IPCVA y advirtió: “No se puede decidir sobre lo que no se conoce”

El histórico dirigente cooperativista cuestionó el intento de modificar el financiamiento del Instituto, reclamó políticas agropecuarias de largo plazo y sostuvo que la Argentina lleva medio siglo sin lograr aumentar su stock ganadero. También pidió mayor preparación y responsabilidad a quienes ocupan cargos públicos y dirigenciales.

Gonzalo Álvarez Maldonado lleva buena parte de su vida vinculada con la producción agropecuaria, el cooperativismo y la representación gremial. Fue vicepresidente de Coninagro, presidió el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) y durante 16 años condujo la Federación Entrerriana de Cooperativas (Fedeco). Sin embargo, antes de los cargos y de las responsabilidades institucionales, se define de una manera mucho más sencilla: productor agropecuario entrerriano.

Su ingreso definitivo a la actividad se produjo en la década de 1970, cuando cursaba el sexto año de Abogacía y la muerte de su padre lo obligó a dejar la universidad para hacerse cargo del establecimiento familiar. No se trataba de un mundo desconocido. El campo había formado parte de su vida desde el nacimiento y, con el paso del tiempo, se convirtió en lo que define como uno de sus grandes amores, junto con su esposa y su familia.

Desde la producción llegó al movimiento cooperativo. Primero lo hizo en La Ganadera de General Ramírez, luego en la Federación Entrerriana de Cooperativas y más tarde en Coninagro. Ese camino también lo condujo al IPCVA, una institución que, según reconoce, permanece profundamente arraigada no solamente en su corazón, sino también en el de miles de productores ganaderos.

Cincuenta años de avances, pero con el mismo stock ganadero

Al comparar aquella producción agropecuaria de los años setenta con la actual, Álvarez Maldonado reconoce una transformación profunda. La agricultura dio un salto de productividad con la incorporación de la labranza cero, que luego se consolidó como siembra directa, mientras que la genética produjo cambios decisivos tanto en la agricultura como en la ganadería.

“En la década del noventa se produjo un quiebre de productividad. También hubo un vuelco muy importante en genética. Recuerdo que desde la Argentina se exportaban semen y embriones de razas británicas hacia sus propios países de origen. En ese aspecto fuimos líderes”, señaló.

Para el dirigente, esos avances fueron alcanzados a pesar de los numerosos obstáculos económicos y políticos que debió atravesar el sector. El productor continuó invirtiendo, incorporando tecnología, mejorando los rodeos y dejando buena parte de lo obtenido nuevamente dentro de su establecimiento. Sin embargo, ese esfuerzo no encontró una respuesta equivalente en las políticas públicas.

El ejemplo más contundente aparece en la evolución del stock bovino. Álvarez Maldonado recordó que, hace aproximadamente cinco décadas, la Argentina y Brasil contaban con una cantidad similar de animales, cercana a los 50 millones de cabezas. En la actualidad, mientras nuestro país continúa moviéndose alrededor de aquella cifra, Brasil logró superar los 200 millones.

“Brasil incorporó genética argentina. Fueron nuestros productores quienes llevaron reproductores, semen y embriones. Ellos crecieron hasta alcanzar alrededor de 230 millones de cabezas y nosotros seguimos con cerca de 50 millones. Para no politizarlo, hubo una falta de política agropecuaria durante los últimos 50 años, bajo gobiernos democráticos, no democráticos y de todos los colores políticos”, afirmó.

Álvarez Maldonado reconoce que en los últimos tiempos comenzó a escucharse un discurso público más favorable hacia el campo y que se produjeron algunas disminuciones en los derechos de exportación. Pero considera que todavía falta una respuesta impositiva mucho más profunda, tanto de la Nación como de las provincias.

“Se reconoce que el campo genera y trae divisas, y eso nos enorgullece. Hubo una baja de las retenciones, no vamos a negarlo, pero todavía falta devolverle una caricia al sector agropecuario. Impositivamente queda mucho por hacer, y esto también alcanza a las provincias”, sostuvo.

Ese reclamo no se limita a los impuestos. También comprende la necesidad de contar con legisladores y funcionarios que entiendan cómo funcionan la producción, la industria, el comercio y las cadenas agroalimentarias. En su opinión, la Argentina todavía no consiguió sostener ni valorar debidamente su condición de país agroindustrial.

El vínculo pendiente entre el campo y la industria

Para Álvarez Maldonado, uno de los grandes desafíos continúa siendo construir una relación más sólida entre la producción primaria y la industria. Recordó especialmente a Mario Raiteri, expresidente de Coninagro, a quien definió como un dirigente desarrollista y productivista que buscó permanentemente acercar ambos sectores.

En aquellos años, la discusión entre el campo y la industria era mucho más marcada. Los gobiernos, según su mirada, solían inclinar sus decisiones hacia uno u otro lado y eso dificultaba la posibilidad de construir una estrategia conjunta. Con el tiempo mejoraron el diálogo y la articulación, aunque todavía queda un largo camino por recorrer.

“Hoy estamos mejor en el diálogo y en el accionar, pero todavía nos falta mucho. Necesitamos recuperar ese vínculo entre el campo y la industria porque forman parte de una misma cadena”, remarcó.

La Resolución 125, en 2008, significó otro momento de quiebre. No necesariamente desde el punto de vista productivo, porque una nueva generación ya venía incorporando tecnología y conocimientos, sino por el despertar de una participación más activa de los productores en las entidades.

Antes de aquel conflicto, la dirigencia y los productores muchas veces funcionaban como cuerpos separados. La 125 generó una mayor movilización y compromiso, aunque Álvarez Maldonado recordó que existían antecedentes, como el tractorazo de 1994 y la concentración realizada en Plaza de Mayo frente a la crisis económica, la falta de financiamiento y las retenciones.

Para el dirigente entrerriano, la participación debe sostenerse, pero también necesita ser responsable, seria y técnicamente preparada.

“El campo no es solamente protesta. El campo es propuesta. La propuesta es trabajar, producir más, invertir en el suelo y dejar dentro de nuestras chacras lo que ganamos. La participación tiene que ser seria y responsable. A veces debemos dejar un poco de lado el corazón, no embriagarnos con uno u otro sector político y buscar el justo medio que necesita la producción”, expresó.

Cooperativas que cambiaron y economías regionales que siguen esperando

El movimiento cooperativo tampoco estuvo exento de errores. Durante años circuló dentro del sector una frase tan dura como conocida: “Cooperativas pobres y gerentes ricos”. Muchas entidades desaparecieron, otras quedaron atrapadas en estructuras que no lograron adaptarse y varias debieron atravesar crisis muy profundas.

Álvarez Maldonado considera que aquel “gerentismo” se redujo considerablemente y que numerosas cooperativas pudieron modernizarse, consolidarse y continuar creciendo. Coninagro y sus federaciones son una demostración de ese potencial. Sin embargo, todavía existen cooperativas pequeñas que no consiguen acomodarse a las nuevas exigencias económicas, tecnológicas y comerciales.

La situación más delicada se observa en las economías regionales, históricamente relegadas dentro de las políticas nacionales.

“Si la agricultura y la ganadería todavía no son reconocidas y acompañadas como deberían, imaginemos lo que sucede con las economías regionales. Lo vemos en el vino, en la yerba mate, en el arroz y en el algodón”, explicó.

El problema no siempre se encuentra en la capacidad de producir ni en la posibilidad de exportar. En muchos casos, el crecimiento de las ventas externas no llega hasta el productor. Los diferentes eslabones comerciales, las cargas impositivas, los costos logísticos y la falta de financiamiento absorben buena parte del valor generado.

“Podemos ser grandes productores y exportadores, pero existe un bache muy importante: ese resultado no siempre se traslada al productor. Las cadenas, los impuestos y la falta de financiamiento impiden que ese crecimiento vuelva al lugar donde se origina”, advirtió.

La defensa del IPCVA y una crítica al desconocimiento

El intento del Gobierno nacional de modificar el sistema de financiamiento del IPCVA, reemplazando el aporte obligatorio por uno voluntario, ocupó una parte central de la conversación.

Álvarez Maldonado recibió la iniciativa con sorpresa y preocupación. Recordó que durante el kirchnerismo también existieron intentos de avanzar sobre el Instituto porque se creía que allí funcionaba una supuesta “caja”. Frente al nuevo escenario, dirigió sus críticas hacia el ministro de Desregulación y Transformación del Estado y sostuvo que no se pueden tomar decisiones sobre organismos productivos sin conocer previamente su funcionamiento, su historia y sus resultados.

“No se puede ser dirigente agropecuario si no se conoce la producción y no se puede hablar de aquello que no se conoce. Cuando no se consigue achicar el Estado, se empiezan a tocar botones de la actividad privada. Pero la actividad privada tiene ejemplos muy buenos para demostrar los resultados de la articulación público-privada”, afirmó.

El dirigente mencionó como antecedente el trabajo realizado durante la década del noventa en el Senasa y la participación de las fundaciones sanitarias para combatir la fiebre aftosa. Según recordó, cuando se interrumpió la vacunación la enfermedad volvió a ingresar, y fue nuevamente la articulación entre el organismo sanitario y los productores la que permitió recuperar el estatus sanitario.

“Hoy somos un país libre de aftosa con vacunación. El Senasa actúa como policía sanitaria, pero las fundaciones y la participación privada tuvieron un papel decisivo. Ese es un ejemplo concreto de que lo público y lo privado pueden trabajar juntos”, explicó.

Para Álvarez Maldonado, el IPCVA representa otro caso exitoso. Creado por la Ley 25.507, el Instituto tiene entre sus principales objetivos promocionar la carne argentina, fortalecer el consumo interno, abrir mercados externos, producir información y generar herramientas para mejorar la productividad ganadera.

Desde esa perspectiva, sostuvo que sus fondos no fueron desviados ni utilizados para finalidades ajenas a la cadena bovina. Por el contrario, fueron invertidos en promoción, investigación, capacitación, defensa comercial y apertura de mercados.

China, Estados Unidos e Israel: los resultados de una política sostenida

Entre los logros alcanzados, Álvarez Maldonado destacó el trabajo realizado para ingresar en China. Recordó las primeras degustaciones de carne argentina y la posterior participación en ferias internacionales, misiones comerciales y acciones promocionales que ayudaron a construir el que hoy es el principal destino de las exportaciones bovinas del país.

También mencionó la intervención del Instituto en los reclamos internacionales para recuperar el mercado de Estados Unidos, cerrado después del reingreso de la fiebre aftosa en 2000 y 2001.

De acuerdo con su relato, el IPCVA aportó cerca de un millón de dólares para contratar, a propuesta de la Cancillería argentina, uno de los estudios jurídicos que participó en el proceso. Después de más de 15 años, el país logró recuperar ese mercado.

“Las gestiones posteriores de los distintos gobiernos permitieron llegar hasta donde estamos, pero la patada inicial la dio la actividad público-privada a través del Instituto”, remarcó.

Álvarez Maldonado también recordó el trabajo destinado a recuperar las exportaciones y la faena kosher para Israel, además de las gestiones desarrolladas en países del sudeste asiático. Mercados como Indonesia, actualmente habilitado para carnes y productos lácteos, formaron parte de una estrategia que demandó años de presencia, negociaciones y construcción de confianza. Sin dejar de mencionar la negociación histórica que aprobó el análisis de riesgo sanitario para la carne vacuna argentina , un enorme avance tras casi 20 años de gestiones técnicas del SENASA y el gobierno japonés.

El IPCVA también financió investigaciones realizadas junto con el Conicet, el INTA, el Senasa y distintas universidades para responder a las crecientes exigencias ambientales de la Unión Europea y otros compradores internacionales.

“Hay mucho para hablar, mucho que se hizo y mucho que todavía se puede proponer. Los fondos estuvieron y fueron invertidos en beneficio de la producción agropecuaria y especialmente de la ganadería”, enfatizó.

Por ese motivo, considera que transformar el aporte obligatorio en voluntario podría afectar seriamente el funcionamiento y la capacidad operativa del Instituto. A su entender, no existen experiencias internacionales que permitan sostener objetivos de promoción, investigación y apertura de mercados solamente con contribuciones voluntarias.

“No se puede decidir tan rápido sobre lo que no se conoce”

La preocupación de Álvarez Maldonado excede al IPCVA. Lo que cuestiona es una forma de tomar decisiones sin consultar, estudiar ni comprender previamente las consecuencias sobre las instituciones y las cadenas productivas.

“A veces ni los propios productores conocemos todo lo que se hizo. Tampoco sabemos cuáles serán los impuestos que nos pueden aplicar dentro de unos días. Por eso, no se puede opinar ni decidir tan rápidamente cuando no se conoce aquello sobre lo que se está opinando o decidiendo”, sostuvo.

Desde su experiencia como productor y dirigente, insistió en que la articulación público-privada debe ser el camino. También alertó sobre el autoritarismo y el personalismo, no solamente dentro de los gobiernos y los partidos políticos, sino también en las instituciones privadas.

Para Álvarez Maldonado, los cargos no pueden transformarse en un objetivo personal. Quienes aspiren a conducir una organización, representar a los productores o asumir una responsabilidad política deben capacitarse, consultar y aceptar que no conocen todas las respuestas.

“Antes nos preparábamos para ser dirigentes. Consultábamos a personas con experiencia, preguntábamos y recibíamos consejos. Hoy muchas veces aparecen los ‘cargosos’, aquellos a quienes les gustan los cargos, pero que no tienen la preparación necesaria para ocuparlos”, cuestionó.

La exigencia, aclaró, alcanza a todos. El productor debe conocer las tecnologías y los sistemas necesarios para continuar siendo competitivo. Lo mismo sucede con quienes trabajan en el comercio, la industria, la dirigencia gremial o la política.

En un país atravesado por enfrentamientos permanentes, Álvarez Maldonado reclamó recuperar la búsqueda del bien común y abandonar la lógica que convierte cada discusión en un partido de fútbol donde necesariamente debe existir un ganador y un derrotado.

“Si desde las diferencias ideológicas, políticas y humanas conseguimos trabajar en conjunto, especialmente mediante la articulación entre lo público y lo privado, podremos construir el país que necesitamos. No se trata de estar todos de acuerdo, sino de pasar de las disidencias a las coincidencias”, concluyó.