
El jurado del Block Test Jesús María 2026 analizó la relación entre el animal en pie y la res, destacó el avance de la genética bovina y sostuvo que el intercambio con los productores resulta clave para orientar la producción hacia la calidad que demandan la industria y los mercados.
La segunda edición del Block Test Jesús María volvió a poner bajo análisis una cuestión decisiva para la ganadería: cuánto de lo que se observa en un animal vivo se confirma luego de la faena. La propuesta combinó la jura en pie con la evaluación de las reses y del ojo de bife, con el objetivo de generar información útil para productores, técnicos y la industria frigorífica.
Lisandro Olmos, uno de los jurados del certamen, explicó que los animales fueron evaluados inicialmente de acuerdo con categorías vinculadas con su peso y destino comercial, desde el consumo liviano hasta los novillos pesados y de exportación.
La primera instancia permitió observar las aptitudes carniceras de cada ejemplar y anticipar qué podía encontrarse debajo del cuero. Posteriormente, y en una evaluación separada para evitar que la apreciación realizada en la pista condicionara el resultado, los jurados analizaron las reses en el Frigorífico Logros.
De la pista al frigorífico
Durante la jura a gancho se realizó el cuarteo de las reses para dejar expuesta el área de ojo de bife. A partir de allí se consideraron diferentes características, entre ellas la conformación del cuarto trasero, el nivel de engrasamiento, el desarrollo muscular, la circunferencia de la rueda y el tablón de bifes.
La comparación entre ambas instancias permitió determinar en qué medida la impresión visual del animal en pie coincidía con su rendimiento y sus características carniceras después de la faena.
Ese contraste constituye uno de los principales aportes del Block Test: transformar una apreciación subjetiva en información que pueda utilizarse para tomar decisiones productivas.
Olmos consideró que el concurso puede convertirse en una referencia para orientar al productor y marcar pautas de trabajo hacia adelante. “Hay que buscar más eficiencia, sin duda”, afirmó.
La eficiencia, en este caso, no depende de un solo factor. La genética, la alimentación, la sanidad, la disponibilidad y calidad del agua, el sistema de terminación y el manejo realizado en el establecimiento terminan expresándose en la res.
Por eso, medir el resultado final permite identificar qué decisiones funcionaron y cuáles necesitan ser revisadas.
El avance de los biotipos carniceros
Uno de los aspectos destacados por el jurado fue la evolución genética observada en los animales participantes. Según señaló, los diferentes biotipos mostraron un trabajo sostenido para mejorar su aptitud carnicera y responder con mayor precisión a los requerimientos productivos.
Olmos mencionó especialmente el caso de la raza Limousin, donde advirtió avances en la conformación y cobertura del cuarto trasero, una característica sobre la cual los criadores vienen trabajando.
Para el especialista, esa evolución demuestra que la selección genética puede corregir limitaciones y consolidar animales con una mejor expresión carnicera.
El jurado también vinculó las mejoras futuras con la creciente gravitación de la terminación a corral. En sistemas que buscan producir hacienda más uniforme, la nutrición y el manejo durante la etapa final adquieren una importancia decisiva para alcanzar el grado de terminación buscado sin generar excesos de grasa que resten eficiencia.

Un aprendizaje en los dos sentidos
El Block Test no solo aporta información a quienes presentan sus animales. Para Olmos, el intercambio con los productores también enriquece el trabajo de los jurados, porque permite conocer los cambios realizados en cada sistema, las estrategias de alimentación, las dificultades relacionadas con el agua y los resultados de las mejoras genéticas.
“El productor también nos enseña todos los días”, resumió.
Esa interacción ayuda a perfeccionar los criterios utilizados para calificar los animales y, al mismo tiempo, permite que la evaluación se mantenga conectada con las condiciones reales de producción.
En un escenario en el que los mercados exigen reses cada vez más homogéneas, eficientes y adaptadas a destinos específicos, la información deja de ser un complemento para convertirse en una herramienta central.
Medir el animal, contrastar la jura en pie con el resultado frigorífico y devolver esa información al productor permite reducir la distancia entre la genética, el manejo y la carne que finalmente llega al consumidor.
El desafío planteado por el Block Test Jesús María es concreto: dejar de producir solamente sobre la base de impresiones y comenzar a decidir con resultados verificables.
Para Olmos, ese camino puede ayudar a marcar una pauta y orientar el futuro de una ganadería que necesita ganar eficiencia sin resignar calidad.

Mas Noticias
Angus reconoció a Alfonso Bustillo por su trayectoria al frente de la Comisión Técnica del ERA
La cabaña Don José de La Dulce ganó el Gran Campeón Macho Angus de Palermo con el toro “Rip”
María Cecilia Fittipaldi cumplió su sueño de llegar a la gran exposición ganadera