30 de septiembre de 2026

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El huevo crece y apuesta a la economía circular

CAPIA proyecta para 2026 una producción cercana a 440 huevos por habitante, una facturación superior a los US$ 2.200 millones y nuevas inversiones para transformar residuos en fertilizantes y otros insumos.

La industria argentina del huevo llega a una nueva Semana del Huevo con números que muestran un sector en expansión y, al mismo tiempo, con una agenda cada vez más enfocada en la eficiencia productiva y la sustentabilidad.

La Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA) presentó las proyecciones para 2026 y destacó que el consumo interno continúa ocupando un lugar central dentro de la actividad. Durante el último año, la producción alcanzó los 406 huevos por habitante, de los cuales 398 quedaron en el mercado interno. Para este año, la entidad estima que la producción podría acercarse a los 440 huevos per cápita, con alrededor de 430 destinados al consumo de los argentinos.

Para Javier Prida, presidente ejecutivo de CAPIA, esos números reflejan el lugar que el producto logró consolidar en la alimentación cotidiana. El dirigente definió al huevo como una proteína saludable, económica y de fácil acceso, una combinación que ayuda a explicar el sostenido crecimiento del consumo.

El avance también aparece en los indicadores económicos de la cadena. Según las estimaciones de la cámara, la facturación global podría superar los US$ 2.200 millones al cierre de 2026, mientras que el parque productivo llegaría a unas 67 millones de gallinas ponedoras.

La actividad, además, tendría impacto sobre más de 32.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos, en una cadena que integra producción primaria, elaboración de alimentos, industrialización, transporte y comercialización.

Pero el sector busca que el crecimiento no quede limitado a producir más. Uno de los ejes que CAPIA puso en primer plano es la incorporación de procesos de economía circular para aprovechar mejor los recursos y reducir residuos.

En varios establecimientos, los propios productores integran distintas etapas del proceso productivo, desde la utilización de cereales para alimentar a las aves hasta la comercialización del huevo fresco o industrializado. A partir de allí, materiales como el cascarón comienzan a ser recuperados para la generación de diferentes subproductos.

Uno de los puntos más relevantes está en el tratamiento del guano. La industria viene realizando inversiones para procesarlo y convertirlo, según el tratamiento aplicado, en fertilizante o enmienda orgánica.

Prida destacó que el objetivo es aprovechar de manera integral esos residuos y cerrar un ciclo productivo más eficiente, en el que materiales que antes eran considerados desechos puedan transformarse nuevamente en insumos para la producción.

La apuesta resume uno de los desafíos centrales de la cadena hacia adelante: sostener el crecimiento de la producción y del consumo, pero incorporando al mismo tiempo mayor eficiencia y mejores prácticas ambientales.

En ese camino, la industria del huevo busca consolidar un modelo en el que producción, alimentación y sustentabilidad formen parte de una misma estrategia.