
El productor agropecuario y expresidente de la Sociedad Rural de San Pedro analizó la situación del sector, la presión impositiva, el deterioro de las economías regionales y el crecimiento de la inseguridad rural. También reclamó mayor responsabilidad a los productores y políticas que reconozcan el papel estratégico de la agroindustria argentina.
Raúl Víctores es uno de los referentes históricos del sector agropecuario de San Pedro. Productor, expresidente de la Sociedad Rural local y protagonista de numerosas luchas gremiales, su trayectoria comenzó mucho antes del conflicto por la Resolución 125.
“Mucho antes de la 125 ya estábamos defendiendo los derechos del sector agropecuario”
A pesar de reconocer algunas señales favorables en la actualidad, Víctores sostuvo que el campo continúa enfrentando serias dificultades de rentabilidad, una presión impositiva elevada, problemas de infraestructura y regulaciones que limitan la actividad productiva.
“Veo algunas cosas que podrían estar encaminándose, pero las economías regionales continúan muy complicadas. Mientras no se reduzcan realmente los impuestos y las trabas para comercializar, va a ser muy difícil recuperar la rentabilidad”
“No alcanza con hablar de libertad”
Víctores señaló que el Gobierno nacional llegó al poder con un discurso basado en la libertad económica, pero consideró que todavía no se avanzó lo suficiente en la eliminación de regulaciones y restricciones.
“En muchas cosas la libertad fue declamada, pero no se avanzó todo lo necesario. Quizás somos inconformistas, porque en otras épocas ni siquiera hubiéramos llegado hasta acá, pero siempre pedimos un poco más”
Para el dirigente, el sector necesita reglas previsibles y condiciones que permitan planificar a largo plazo.
“Lo importante es que nos dejen trabajar con libertad y con certidumbre. Eso es lo que necesita el campo”
Aunque las retenciones suelen ocupar el centro del debate agropecuario, Víctores recordó que los derechos de exportación representan solamente una parte de la carga que soporta la producción. A los impuestos nacionales se suman los tributos provinciales y las tasas municipales, que, según cuestionó, muchas veces no se traducen en servicios o infraestructura para las zonas rurales.
“Lo que está pasando con algunas municipalidades es tenebroso. Se financian con el sector agropecuario, pero prácticamente no devuelven nada”
San Pedro y el deterioro de una región productiva
Víctores describió la situación de San Pedro, una región estratégica ubicada sobre la costa del río Paraná, a mitad de camino entre Rosario y la ciudad de Buenos Aires, con acceso a la ruta nacional 9.
La zona fue históricamente reconocida por su producción de cítricos, duraznos, batata, horticultura y cultivos extensivos. Sin embargo, durante las últimas décadas sufrió una marcada reducción de su superficie frutícola.
“San Pedro llegó a tener alrededor de 25.000 hectáreas de monte frutal. Hoy no sé si quedan 3.000 o 4.000. El cítrico prácticamente desapareció”
Entre las causas de esa caída mencionó las dificultades económicas de las producciones regionales, los problemas climáticos y los conflictos laborales.
Víctores también cuestionó el accionar de sectores gremiales, entre ellos la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores, al considerar que determinados conflictos contribuyeron al retroceso de la fruticultura sampedrina. La acusación forma parte de su interpretación sobre el proceso que atravesó la región y se suma, según aclaró, a otros factores económicos, productivos y climáticos.
Caminos rurales y conectividad
El productor advirtió que la infraestructura necesaria para llegar a los establecimientos rurales se encuentra profundamente deteriorada.
Aunque la llegada de sistemas satelitales como Starlink permitió mejorar parcialmente la conectividad, afirmó que los caminos y accesos rurales continúan siendo una deuda pendiente.
“La infraestructura para acceder a los campos prácticamente ha desaparecido. Estamos en una zona rica y productiva, pero las condiciones son muy malas”
Esta falta de infraestructura no solo incrementa los costos y dificulta la salida de la producción, sino que también complica la prevención del delito y la llegada de las fuerzas de seguridad ante una emergencia.
Inseguridad rural en once provincias
Víctores trabaja actualmente en un foro dedicado a la seguridad rural, con representación en alrededor de once provincias. Desde ese espacio participa en una mesa de seguridad nacional junto con entidades agropecuarias y la Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado.
El productor describió un escenario complejo en las provincias fronterizas con Brasil, Paraguay y Bolivia, donde el abigeato se combina con el narcotráfico y otros delitos transnacionales. Mencionó situaciones especialmente delicadas en Corrientes, Formosa, Mendoza, San Luis y distintos puntos del norte argentino.
“Quien no conoce el tema no alcanza a dimensionar lo difícil que resulta producir en las zonas de frontera. El narcotráfico atraviesa establecimientos productivos y genera una complejidad tremenda”
Según Víctores, las reuniones de la mesa nacional permiten reunir información de distintas regiones, aunque reconoció que la magnitud de algunos problemas genera impotencia ante la dificultad para encontrar respuestas inmediatas.
La situación en la provincia de Buenos Aires
El dirigente calificó como grave la situación de la seguridad rural bonaerense, aunque destacó el esfuerzo de los efectivos policiales. En particular, valoró el trabajo de los Comandos de Prevención Rural, con los que mantiene un contacto permanente.
“El trabajo que realiza la Policía Rural de la provincia de Buenos Aires es enorme. Lo hace con pocos medios, salarios muy bajos y vehículos que muchas veces no están en condiciones”
Víctores consideró que existe una falta estructural de recursos para las fuerzas rurales en distintas provincias. A ese problema sumó la escasa participación de algunos gobiernos locales y las dificultades del sistema judicial para sostener las investigaciones y las detenciones.
También cuestionó lo que definió como una actitud permisiva frente a determinadas prácticas, como el ingreso sin autorización a campos para cazar, una actividad que puede utilizarse para reconocer previamente los establecimientos y facilitar delitos posteriores.
El robo de animales y la responsabilidad del productor
Durante la entrevista, Víctores hizo referencia a un importante robo de hacienda ocurrido en la zona de Lincoln. Según la información preliminar que había recibido, una parte significativa de los animales habría sido localizada posteriormente en un establecimiento de engorde a corral.
Sin embargo, aprovechó el caso para remarcar que la seguridad no depende únicamente del accionar policial y judicial.
“El productor también tiene una responsabilidad muy grande. Tiene que tener la hacienda marcada, identificada y la documentación en orden”
Advirtió que existen casos en los que los animales son encontrados, pero no pueden ser restituidos porque el propietario no cuenta con elementos suficientes para demostrar su pertenencia.
“Si reclamamos justicia, también tenemos que hacer las cosas bien hacia adentro. Hay productores que están flojos de papeles y eso hace mucho más difícil el trabajo de la Justicia”
Para Víctores, la identificación individual, las marcas, las señales y la documentación respaldatoria son fundamentales para recuperar animales y avanzar en las causas por abigeato.
Las islas del Paraná, entre el abandono y el delito
Víctores pertenece a la tercera generación de una familia vinculada a la producción ganadera en las islas del Paraná. Desde esa experiencia relató el retroceso que sufrió la actividad en la zona de San Pedro.
En sus mejores momentos, indicó, llegaron a trabajar cerca de cien productores, con un stock de entre 37.000 y 40.000 cabezas. Actualmente, la cantidad de animales sería cercana a las 10.000 cabezas, después de haber caído incluso a niveles de entre 6.000 y 7.000.
Las inundaciones y las crecientes influyeron en esa reducción, pero Víctores aseguró que la inseguridad fue uno de los factores decisivos.
“La gente dejó de ir a la isla porque fue acosada y robada”
Como ejemplo, mencionó un caso ocurrido en una isla ubicada entre San Pedro y Baradero, donde se habría denunciado la desaparición de alrededor de 700 animales. También hizo referencia a faltantes importantes en sectores de Entre Ríos, San Nicolás y Ramallo.
El productor aclaró que algunas cifras circulan de manera extraoficial y que, en determinados casos, no pudo acceder a información documental completa. No obstante, sostuvo que la reiteración de denuncias demuestra la gravedad del problema.
Más controles y presencia en los establecimientos
Víctores insistió en que el productor debe realizar recorridas frecuentes, controlar el rodeo y no abandonar la administración de los establecimientos.
“Si tenemos algo, tenemos que cuidarlo. No podemos encontrar la cabeza de un animal cuatro o cinco días después y recién entonces descubrir que ocurrió un robo”
También subrayó la importancia de seleccionar personal confiable, mantener una relación laboral correcta y acompañar a los trabajadores que permanecen en lugares aislados.
“No hay que dejar al personal abandonado a la buena de Dios. Las malas relaciones y los conflictos sin resolver pueden terminar generando situaciones muy complicadas”
Para el dirigente, la prevención exige una combinación de presencia estatal, patrullaje, tecnología, documentación y responsabilidad empresarial.
“La Argentina debe reconocerse como un país agroindustrial”
Al ser consultado sobre por qué la Argentina no adopta una política de desarrollo basada en su capacidad agroindustrial, Víctores apuntó contra décadas de enfrentamiento político entre el campo y otros sectores de la sociedad.
En su interpretación, el kirchnerismo y distintos períodos del peronismo profundizaron una división cultural entre la producción agropecuaria y los centros urbanos.
“Nosotros hemos tenido problemas históricos y generacionales que dejaron una huella muy profunda”
Sus declaraciones representan una valoración política personal sobre las causas del desencuentro entre el agro y los gobiernos nacionales.
Víctores remarcó que el sector es un generador central de divisas, empleo y arraigo territorial. En ese sentido, señaló que el desarrollo de las economías regionales podría evitar la migración forzada hacia los grandes centros urbanos.
“Nunca hubo una verdadera política de arraigo. La falta de conectividad, infraestructura y oportunidades empujó a la gente hacia los conurbanos de Buenos Aires, Rosario y Santa Fe”
Para el productor, recuperar la producción en el interior no significa solamente aumentar las exportaciones, sino también crear empleo, fortalecer las comunidades y reducir la concentración de la pobreza en las periferias urbanas.
El sueño de dejar un país diferente
En el cierre de la conversación, Víctores dejó de lado las cuestiones sectoriales y habló sobre su principal aspiración personal.
“Sueño con poder ver que dejé un país diferente”
El dirigente aseguró que piensa especialmente en sus hijos y en su nieta, y admitió que no sabe si alcanzará a observar los cambios por los que trabajó durante tantos años.
“Espero que me dé tiempo. Tuve mucha confianza en que esto podía pasar, pero los últimos dimes y diretes me hacen dudar. Nos demoramos discutiendo cómo repartir la porción mientras otros se llevan la torta”
A pesar de las dudas, Víctores mantiene la expectativa de volver a encontrarse para hablar de objetivos alcanzados. Su trayectoria, marcada por la defensa del sector agropecuario, la participación gremial y el trabajo por la seguridad rural, sintetiza una posición crítica, pero también una voluntad persistente de seguir buscando soluciones.

Mas Noticias
Las exportaciones agroindustriales crecieron 17,1% y aportaron US$ 21.995 millones
Las dos caras de la industria en Santa Fe: suben las exportaciones de origen agropecuario y cae el valor agregado
Banco Coinag presenta en AgroActiva líneas de crédito para maquinaria, capital de trabajo y bienes de capital