
El volumen de carne picada podría ingresar a Estados Unidos sin activar aranceles más elevados. El presidente aseguró que se venderá un 25% por debajo del valor de mercado, aunque todavía no informó los países proveedores ni el mecanismo de aplicación.
El gobierno de Estados Unidos anunció una nueva intervención sobre el mercado de la carne vacuna. Durante los próximos 90 días permitirá el ingreso de hasta 300.000 toneladas de carne picada sin que ese volumen afecte las cuotas arancelarias vigentes.
La decisión fue comunicada este viernes por el presidente Donald Trump, en medio de la preocupación de los consumidores estadounidenses por el sostenido aumento del precio de los alimentos y, especialmente, de la carne vacuna.
Según explicó el mandatario, existe un compromiso para que la mercadería importada sea comercializada a un precio 25% inferior al valor actual del mercado.
“Este acuerdo reducirá los precios para los estadounidenses y dará espacio para que vuelva a crecer el gran rodeo estadounidense”, sostuvo Trump.
El anuncio, sin embargo, todavía tiene varios casilleros en blanco. El presidente no precisó de qué países provendría la carne, qué empresas participarían de la operación ni quién asumió el compromiso de venderla con el descuento anunciado. Tampoco se publicó, hasta el momento, la reglamentación que pondrá en marcha la medida, según informaron Reuters y The Wall Street Journal.
Una oferta ganadera que no logra recuperarse
La decisión llega en un momento delicado para la ganadería estadounidense. Al 1° de enero de 2026, el rodeo de ese país estaba integrado por 86,2 millones de bovinos, mientras que el stock de vacas de carne se ubicaba en 27,6 millones de cabezas, un 1% por debajo del año anterior. También disminuyeron la producción de terneros y la cantidad de animales encerrados en los feedlots, de acuerdo con los últimos datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
La menor disponibilidad de hacienda responde a varios factores acumulados: sequías prolongadas en los principales estados ganaderos, incendios en las zonas de pastoreo y restricciones sanitarias al ingreso de animales en pie desde México.
Con una oferta interna reducida y una demanda que continúa firme, los precios de la carne alcanzaron niveles récord. En diciembre de 2025, el valor promedio de la carne picada había llegado a US$6,69 por libra, el registro más alto desde que comenzó a medirse esa serie durante la década de 1980.
Estados Unidos importa habitualmente carne magra y recortes que posteriormente son mezclados con carne doméstica de mayor contenido graso para elaborar hamburguesas y otros productos. Por ese motivo, una mayor disponibilidad de materia prima importada podría tener un efecto más directo sobre el precio de la carne picada que sobre el resto de los cortes.
El descuento del 25% todavía necesita explicaciones
Por lo informado hasta ahora, la decisión no supone la eliminación general de todos los aranceles aplicados a la carne vacuna. Se trata de una apertura temporal que permitiría ingresar un volumen extraordinario sin activar las tarifas más elevadas previstas cuando se superan las cuotas establecidas.
También resta conocer sobre qué precio se calculará la reducción del 25% prometida por Trump. No está claro si la comparación se hará sobre el valor de importación, el precio mayorista o el precio final pagado por los consumidores en los supermercados.
La diferencia no es menor. Importar carne a un precio más bajo no garantiza, por sí solo, que toda la reducción llegue a las góndolas. Para evaluar el efecto real de la medida será necesario conocer los productos alcanzados, las posiciones arancelarias, los países habilitados, los plazos de ingreso y las condiciones de comercialización.
Argentina tiene un antecedente, pero aún no fue confirmada
La apertura genera una expectativa inmediata entre los países exportadores de carne vacuna. Para la Argentina existe un antecedente concreto: el 6 de febrero de 2026, Trump amplió en 80.000 toneladas la cuota estadounidense para recortes bovinos magros y asignó la totalidad de ese volumen a la industria frigorífica argentina.
Aquella ampliación fue distribuida en cuatro tramos trimestrales de 20.000 toneladas y se sumó a los cupos que la Argentina ya tenía disponibles. La medida fue formalizada mediante una proclama de la Casa Blanca.
Ese antecedente coloca al país en una posición relevante, pero no permite afirmar que vaya a participar de las nuevas 300.000 toneladas. Trump no identificó a los proveedores y la administración estadounidense todavía no publicó la distribución del volumen.
Para la cadena cárnica argentina, por lo tanto, el anuncio representa una oportunidad potencial y no un negocio adjudicado. La confirmación dependerá de la reglamentación y de las condiciones sanitarias, comerciales y arancelarias que finalmente establezca Washington.
La medida busca dar una respuesta rápida al bolsillo de los consumidores, mientras la reconstrucción del rodeo estadounidense demandará varios ciclos productivos. Por ahora, Trump presentó una solución de corto plazo. Su verdadero efecto sobre los precios —y el lugar que pueda ocupar la Argentina— dependerá de una letra chica que todavía no se conoce.

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